Aquí un extracto de la nota realizada por Fernando Moerch, en su programa CARAVANA.
Nestor Collomb : “Formó parte de un viaje que hicimos con mi señora en un crucero que partió del puerto de Valparaíso en Chile, va tocando Puerto Montt, Estrecho de Magallanes, el Canal De Beagle, con un pasaje del 80 % de extranjeros, ya que es de bandera de las Isla Bahamas.
Es un viaje paisajístico y natural, saliendo al mar, y una de las excursiones, a mitad del recorrido es las Islas Malvinas. Para la mayoría de los pasajeros, como decían las cartillas de viaje del Crucero, era llegar a las Islas Falklands y parar en Port Stanley, para nosotros las Islas Malvinas y Puerto Argentino.
Ya al cruzar Cabo de Hornos y enfilar hacia Malvinas, uno ve ese mar inmenso, llega a la zona de exclusión durante la guerra de Malvinas y ya se comienza a sentir algo especial, sobre todo por la zona donde estuvo el Crucero General Belgrano.
Llegamos después de un día de viaje a las 05:00 de la mañana cuando está amaneciendo. A parte de la emoción que se siente, lo que impactó es el tamaño de las islas, uno cree que son pequeñas, pero al divisar las islas estuvimos más de una hora y media para llegar a Puerto Argentino, son realmente grandes; ahí puede entenderse de la importancia estratégica que tienen las islas, en la geopolítica mundial, ellos lo toman como la puerta de entrada a la Antártida. Nunca imaginé que las islas tuvieran ese tamaño.
A las 08:30 de la mañana bajamos del Crucero en lanchas, en el pasaje coincidió con un matrimonio inglés que ya habíamos estado hablando durante el viaje, y quedamos que al pisar suelo malvinense nos sacaríamos una foto los 4 cuatro para perpetuar este momento de amistad y diálogo pacífico entre argentinos e ingleses.
Ya en suelo malvinense se observan las planicies, las praderas verdes y las estepas. Son sensaciones encontradas pisar ese suelo, la emoción de estar, pero todo el pensamiento de recordar que ahí hubo sangre derramada de compatriotas y de esperancinos. El pensamiento es cómo podemos hacer para recuperar ese territorio que es nuestro.
El panorama típico inglés: los autos con el volante a la derecha, circula la Libra Esterlina, hay 2.000 personas viviendo en Port Stanley y 3.000 son en total en toda la isla con una buena actividad económica.
La Casa del Gobernador, las tabernas, las clásicas cabinas telefónicas, todo con mucha tranquilidad y orden; si el comentario es que está la base militar con 1.000 efectivos pero no se sabe dónde, a los turistas no se nos dijo esto, pero el comentario estaba recorriendo uno las calles.
Lo que se me ocurrió hacer es escribir en 4 papelitos la frase LAS MALVINAS SON ARGENTINAS, y fue así que en el llamado Monumento a la Liberación, donde está el Monumento a Margaret Thatcher, inaugurado hace 2 años, ahí deje enterrado el primer mensaje y lo mismo hice en otros sectores de la Isla, lo hice con sentimiento.
Otro momento especial se vivió al mediodía, fíjate que en la ciudad hay 2.000 habitantes, del Crucero bajamos otros 2.000, todos por las calles, paseando, comprando y otros trabajando, es cuando pasa un avión militar a baja altura, como marcando territorio, produce una sensación especial de ruido y temblor, y es solo uno, lo que habrá sido durante la guerra, es lo que uno piensa.
Otro momento especial lo pasamos en una taberna, mi señora que habla perfecto inglés se pone a dialogar con un lugareño mientras yo buscaba algo para tomar y comer, después de un rato el muchacho nos pregunta de dónde somos, al responder de Argentina se produce un silencio, que para nosotros parecían horas, todo se puso tenso, y el muchacho dice : si al principio hubiera sabido que eran argentinos me hubiera ido, y explicó que él, su hermano y otros familiares fueron prisioneros civiles durante la guerra, así estuvieron durante 30 días, maniatados, tomando agua y comiendo lo que le daban, hasta que llego el ejército inglés y nos liberó de los argentinos.
El diálogo siguió con explicaciones de lo ocurrido durante la guerra, y en momento dado el muchacho le pide a Carina si la podía abrazar y dar un beso, mi señora aceptó y fue un momento muy emocionante, porque todo el bar estaba expectante de lo que sucedía, y todos se emocionaron y hubo lágrimas, fue un momento muy fuerte, una experiencia inolvidable que recordaré para siempre. Hoy con ese muchacho tenemos contactos través de las redes sociales e intercambiamos fotos y mensajes.
Así transcurrió un día en Malvinas, siempre teniendo presente a nuestros héroes que combatieron allá por 1982, no fuimos a hacer un homenaje, siempre estuvieron en nuestro pensamiento.
Luego el regreso al Crucero, el paisaje de las Islas, el mar, las orcas, las ballenas y el pensamiento de haber vivido una experiencia única e inolvidable”.



