Este sector del suroeste de la ciudad no es el de hace décadas atrás, donde era normal y habitual ver sillones en las veredas con vecinas reunidas conversando mientras las ventanas de sus casas estaban completamente abiertas para que se airearan las casas. Su transformación a lo largo de los años.
Algo pasó. Algo cambió que ya no se ven chicos dando decenas y decenas de vueltas a la manzana en sus bicicletas y con las rodillas peladas.
Algo pasó. El tiempo pasó. Hoy, barrio Roma es una de las jurisdicciones más afectadas por los hechos de inseguridad. A diario ocurren arrebatos, asaltos con armas de fuego… No hace mucho fue noticia el ingreso de ladrones a un reconocido supermercado del barrio con clientes adentro y también la muerte de Ariel Castelló, un padre de familia que un domingo de Pascuas salió de la mesa familiar para ayudar a una mujer embarazada que estaba siendo asaltada y pedía auxilio a los gritos. La suerte no estuvo de su lado y Castelló fue asesinado.
Los hechos de inseguridad, sin lugar a dudas, son lo que más preocupa a los vecinos de este barrio, y lo que los llevó a organizarse por cuadras y colocar alarmas comunitarias. Aseguran que «no hay otra que cuidarnos entre nosotros porque la policía no hace nada».
«Se consiguió que vuelvan los caminantes al barrio, pero la verdad es que los ves reunidos a cinco en un patrullero tomando mates», cuenta Norma, una vecina. Y agrega: «También están mejorando la iluminación de algunas calles, pero no alcanza».
Al pedido de mayor seguridad, los vecinos de las tres vecinales que encierra el barrio (Roma, Parque Juan de Garay y República del Oeste) agregan la reparación de las calles y del alumbrado público y la puesta en valor del Parque Juan de Garay.
Historia
La zona oeste de la ciudad donde hoy se ubica el barrio Roma apareció, tal vez por primera vez, ubicada en el plano confeccionado por Eustaquio Giannini en 1811. En realidad, lo que el dibujante marcó fue una fábrica de balas -conocida como Polvorín- emplazada a la altura de las actuales manzanas comprendidas por las calles Hipólito Yrigoyen, bulevar Zavalla, Gobernador Vera y avenida Freyre; edificio que, hasta 1983, se mantuvo precariamente en pie en los fondos de una casa particular.
Por entonces, barrio Roma era una zona alejada del radio urbano, es decir de lo que hoy es barrio sur.
El parque Juan de Garay es un lugar de referencia dentro del barrio, un hito que pocos santafesinos deben desconocer. Es que allí décadas atrás se reunían familias y compañeros de trabajo para celebrar fechas claves como la primavera. En la actualidad también es un espacio elegido para pasar tardes junto a los lagos y bajo frondosos árboles.
En el lugar que hoy ocupa el parque funcionó durante años el cementerio católico. El ingreso quedaba por calle Suipacha, hasta que en 1894 decidieron clausurarlo por razones de salubridad, ya que había quedado dentro del incipiente barrio. En 1904 comenzó la demolición y el camposanto se instaló en la actual sede de Barranquitas.
La zona empezaba a crecer: en 1892 comenzaba a funcionar un hospital, el Italiano; en 1902 se iniciaba la construcción de la Casa de Aislamiento Municipal -actual hospital Iturraspe- y, en Suipacha y Paraguay, se instalaba la Maestranza Municipal.
Ante la perspectiva del negocio inmobiliario, se produjeron varios loteos en la zona. El terreno de los Ibarra, de los Carpio, las tres manzanas de Ramón Perrazo y las dos quintas de Saturnino Pérez se dividieron en porciones de tierra, donde se asentaron italianos provenientes especialmente de la baja Italia, Sicilia y Calabria. Entre aquellos apellidos, figuraron Lameratta, Pignata, Di Biasi, Cherri, Piro, Franconieri, Cappiello y Mazzuca.
¿Por qué Roma?
El barrio debe su nombre a un negocio ubicado en San Jerónimo al 2300, entre Primera Junta y Mendoza, que hacía publicidad a través de almanaques. La Roma era una casa importadora de sastrería, sombrerería, camisería, confecciones, bonetería, perfumería y artículos de viaje cuyos dueños eran italianos.
Hoy, de aquel barrio Roma pintoresco, seguro y de buenos vecinos, no queda nada o muy poco. Las calles después de las 19 se vuelven vacías, las persianas están bajas casi todo el día y las rejas no faltan en casi ninguna vivienda.
El gran artista del barrio
Leonardo Gustavo Núñez, más conocido como Tuti, es cordobés de nacimiento, pero desde hace casi 28 años se encuentra viviendo en la ciudad de Santa Fe.
Llegó a barrio Roma hace casi cinco años, en un primer momento recuerda «era una parte de la ciudad que la tenía olvidada, porque yo viví la inundación del 2003, en la zona tenía amigos y no podía creer que estaba todo bajo agua. Entonces cuando buscaba casas, decía `vamos para otro lado, acá no´'».
Pero después fue mágico como se dio- cuenta Núñez- porque vuelvo de Tailandia, y tenía que buscar una casa, buscando qué alquilar llegó al barrio a ver una propiedad y una vecina me dice «Tuti, te venís al barrio, te doy el número del dueño». Hablé con el señor, me alquiló y acá estamos.
En el interior de su casa se pueden encontrar títeres, marionetas y tanto color que llevan a despertar la imaginación. Tuti destaca Roma como un barrio de gente de familia de clase media. «Barrio Roma está en el medio entre el centro y donde termina la ciudad».
«La musa es uno hay que hacer y crear»
Tuti, personaje de la ciudad y de barrio Roma, tiene un largo camino recorrido en el mundo de la actuación y de contar historias a través de sus títeres. Él cuenta que empezó haciendo mímica y luego se fue hacia el teatro, posteriormente se volcó por los títeres cuando empezó a hacer cosas para niños.
Personaje inquieto y autodidacta que busca continuamente hacer cosas nuevas, comenzó a incursionar con los autómatas. Núnez trabaja en el Ministerio de Innovación y Cultura de la provincia de Santa Fe, un día una compañera de trabajo le pregunta si puede hacer un autómata para El Alero y «le digo si, si, después llegué a casa y digo, qué son los autómatas, nunca en mi vida había hecho uno, así que google. Primero dije cómo voy a hacer eso y bueno fui al taller del Molino y empecé. Hice el primero, el segundo y así terminé construyendo 30 y pico de autómatas en una semana y ahí me empezó a gustar».
Después vino la etapa de las marionetas y en estos momentos se encuentra realizando Stop Moition, «estoy fascinado, es un mundo para jugar», resalta Tuti.
«Empecé con la plastilina- continuo el titiritero- hice una animación para un festival de Ojo al Piojo internacional, que es de Rosario, a las dos semanas me dijeron que estaba dentro del grupo, no lo podía creer y hace unas semanas me dicen que había ganado como mejor corto de animación». «Donde pueda hacer arte y haya niños es mi lugar en el mundo», finaliza Tuti, el titiritero


