Ahora bien, desde el Estado también existen varias señales y gestiones que entusiasman de cara al futuro.
Para empezar, somos el único país de la región que tiene actualmente un representante de videojuegos en el Ministerio de Cultura de la Nación.
Alejandro Iparraguirre, se encarga desde hace casi una década de llevar la bandera de la comunidad a los lugares más recónditos de la Argentina, para que de esa forma, y en consonancia con las declaraciones de Mariano Obeid, más jóvenes reconozcan en esta industria una salida laboral viable para su futuro.
«Conocer las historias de las personas que se quieren dedicar a esto y a los referentes de cada zona, las ganas que le ponen para mostrar lo que hace su provincia y región, es algo que me emociona mucho. Y luego de visitar Misiones y Tucumán tras la pandemia, me di cuenta que esa energía sigue intacta, y que incluso surgieron más posibilidades de trabajo», describe Iparraguirre.
Y cuando hablamos de Estado no sólo pensamos en el Ministerio de Cultura, sino también en la Ley de Economía del Conocimiento, aprobada hace apenas un año.
En la misma, sumamente abarcativa, se prometió promover la profesionalización de la industria, brindando incentivos a estudios y pidiendo requisitos menos exigentes para las micro, pequeñas y medianas empresas.
Aunque, evidentemente, para una gran parte del sector estas medidas no serían suficientes. Ya no sólo por la propia implementación que habría motivado a inscribirse a tan solo un estudio local para recibir los beneficios (sin respuesta tras un año), sino también por las desventajas del tipo de cambio actual que hacen que centenares de desarrolladores decidan trabajar de forma autónoma para estudios del exterior y cobrar en dólares.
Esto es algo que afecta directamente el futuro cercano de una industria que exporta un 74 por ciento de sus trabajos, de los cuales el 37 por ciento se concentran en los Estados Unidos y Canadá.
Por lo que, debido a estas restricciones, muchas veces los equipos terminan dejando por el camino gran parte de su ganancia o, como antes mencionamos, perdiendo mano de obra por el camino.
«Hoy contamos con un proyecto de ley para potenciar específicamente nuestro sector, siguiendo el ejemplo de países como Canadá, Polonia, Australia y Corea, que vieron crecer el sector en varios órdenes de magnitud. Espero que nuestros legisladores nos acompañen en esta aventura», sostiene Andrés Chilkowski, uno de los fundadores de ADVA y de Nimble Giant, el estudio de videojuegos más grande de Argentina y que en 2020 pasó a ser parte de Embracer, un conglomerado sueco dueño de otros 90 equipos de desarrollo por todo el mundo.
Es evidente que como industria, a los videojuegos argentinos les falta un gran camino por recorrer a nivel competitividad mundial, y que el constante problema con el dólar afecta en muchos sentidos al sector.
Pero no es descabellado afirmar que, a pesar de todo, se está yendo por buen rumbo y los resultados están a la vista.
Se dispone de grandes profesionales, estudiantes destacados, se empezó a llevar un relevo de sus números y se conformó una industria muy respetada cuando de la región hablamos.
Es solo cuestión de ver el caudal de títulos que se lanzan en países vecinos y los que se lanzan en nuestro territorio. Casos de orgullo como el de Ethereal, disponible en PC, ganando el premio del público en uno de las ceremonias más importantes de la industria como es GDC en 2019; el renacimiento de Storyteller de Daniel Benmergui, el desarrollador independiente más importante del país; el flujo anual de lanzamientos por parte de Purple Tree (con el videojuego Golazo) en PC y consolas; el éxito constante en celulares y tablets de Etermax (creadores de Preguntados), Pixowl (The Sandbox), Avix (Thumb Fighter) y Blyts (Truco); la explosión de Game Ever con el videojuego del trapero y streamer LIT killah; o Blue Fire abriendo una de las transmisiones anuales de Nintendo en marzo de 2020 junto a otras obras independientes destacadas, no hacen más que ilusionar de cara al futuro.
Sin dudas hay y habrán traspiés, como en casi todo los sectores, pero lo interesante es ver que la industria está cada vez más alineada, aún con sus diferentes perspectivas, hacia el crecimiento.