El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) dio a conocer datos que confirman un duro revés para dos sectores clave de la economía argentina: la construcción y la industria. Durante octubre, la construcción registró una caída interanual del 24,5%, mientras que la actividad industrial sufrió una contracción del 2%. Las cifras, lejos de ser un evento aislado, reflejan una tendencia preocupante que pone en jaque el motor productivo del país.
La construcción: un sector en caída libre
El desplome en la construcción es especialmente crítico, acumulando una baja del 29% entre enero y octubre de 2024 en comparación con el mismo período del año anterior. Además, el consumo de insumos esenciales como hierro, cemento y ladrillos mostró retrocesos históricos, con caídas interanuales que llegan al 51,2% en artículos sanitarios de cerámica y al 32,9% en hierro redondo y aceros.La contracción no solo afecta la producción, sino también al empleo: los puestos registrados en el sector cayeron un 15,9% en septiembre, lo que agrava aún más la situación de miles de familias que dependen de esta actividad.
Una industria estancada
La industria tampoco logró esquivar la recesión. Aunque menos pronunciada que en la construcción, la caída del 2% interanual en octubre y del 11,6% en el acumulado de los primeros diez meses de 2024 evidencia un sector que lucha por mantenerse a flote.El impacto no fue homogéneo. Divisiones como productos textiles (-20,9%), productos de caucho y plástico (-12,0%) e industrias metálicas básicas (-11,4%) encabezaron las bajas. Sin embargo, algunos sectores, como alimentos y bebidas (+6,9%) y refinación del petróleo (+12,4%), mostraron resiliencia, destacándose como excepciones en un panorama mayormente negativo.
Más que números: una crisis estructural
El declive en la construcción y la industria no es solo un reflejo de problemas coyunturales, sino un síntoma de una crisis estructural que el país enfrenta desde hace años. Los costos crecientes, la falta de financiamiento y una economía marcada por la incertidumbre y la inflación desbocada han erosionado la competitividad de ambos sectores.Mientras tanto, las políticas económicas parecen no encontrar el camino para revertir la tendencia. Los estímulos anunciados para dinamizar la actividad productiva han resultado insuficientes frente a un contexto interno y externo desfavorable.
El costo social de la recesión
Más allá de los números, las caídas en la construcción y la industria impactan directamente en la vida de los argentinos. La pérdida de empleos, la paralización de obras y el cierre de fábricas alimentan una sensación de estancamiento que golpea de lleno a la economía real.En un contexto donde las demandas sociales son urgentes, la falta de políticas efectivas para reactivar estos sectores plantea serias dudas sobre la capacidad de la dirigencia para responder a los desafíos actuales. Si no se actúa con rapidez y decisión, la contracción podría profundizarse, con consecuencias aún más graves para el tejido productivo y social del país.


