Cacerolazos en el AMBA: la respuesta ciudadana tras la violenta represión en el Congreso

Las imágenes de la brutal represión frente al Congreso aún circulaban cuando, al caer la noche, un sonido conocido volvió a resonar en las calles del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Vecinos de distintos barrios porteños y localidades bonaerenses salieron con cacerolas y bocinas para manifestar su rechazo al accionar del gobierno de Javier Milei.

Protesta espontánea y en expansión

Desde las 20:00 horas, en barrios como Montserrat, La Boca, San Cristóbal, Flores, Caballito, Almagro, Villa Crespo y Palermo, cientos de personas se sumaron a la protesta desde sus balcones, terrazas o en las veredas. La consigna era clara: expresar el repudio a la feroz represión policial que dejó decenas de heridos y detenidos durante la manifestación de jubilados e hinchas de fútbol frente al Congreso.

El cacerolazo no tardó en expandirse más allá de la Capital Federal. En Vicente López, Avellaneda y otras localidades bonaerenses, los vecinos replicaron la protesta con la misma intensidad, demostrando que el descontento no es aislado.

Plaza de Mayo: el epicentro de la bronca

Pasada la medianoche, un grupo de manifestantes marchó hasta la Plaza de Mayo, donde se congregaron frente a la Casa Rosada. Entre las consignas más escuchadas, volvieron los cánticos de crisis: «¡Que se vayan todos, que no quede ni uno solo!». Además, muchas pancartas mostraban el rostro de Pablo Grillo, el fotoperiodista que pelea por su vida tras haber sido alcanzado por un cartucho de gas lacrimógeno disparado por la policía.

Un mensaje al Gobierno

La protesta no solo fue una respuesta a la violencia policial, sino también una muestra del creciente malestar social. El plan de ajuste económico del gobierno, sumado a la escalada represiva en las calles, ha encendido alarmas en distintos sectores. Este cacerolazo, que no tuvo convocatoria partidaria ni sindical, surge como un síntoma de un clima de tensión que sigue en aumento.

Mientras el Gobierno intenta minimizar los hechos, el eco metálico de las cacerolas dejó en claro que el descontento no se apaga con gases ni con detenciones. La protesta ciudadana, espontánea y descentralizada, demostró que la calle sigue siendo un escenario clave para expresar el hartazgo.

 

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