Michlig se apuró con el “salimos”

Santa Fe, 13 de febrero de 2026

Felipe Michlig eligió una palabra para ponerle punto final a la semana: “salimos”. El problema es que la conversación pública eligió otra: “ahora”. Ahora docentes. Ahora salud. Ahora jubilados. En cuestión de horas, el acuerdo con la Policía dejó de ser un cierre y se convirtió en un precedente.

La entrevista de Michlig intentó ordenar el relato desde un hecho concreto: la protesta se levantó después de que hablara el gobernador, con la misma propuesta que ya habían planteado los ministros. En su lectura, eso confirma autoridad. En redes, esa secuencia funcionó como prueba de lo contrario: que el gobierno reaccionó bajo presión y que la solución llegó cuando el conflicto ya estaba desbordado.

Ese desajuste es el error de percepción. Confundir una salida operativa con un cierre político.

El social listening de las primeras 11 horas posteriores al anuncio registró alto volumen y un clima predominante crítico y confrontativo. La mayoría de las reacciones fueron negativas, con una franja de sarcasmo y una minoría de apoyo explícito. El actor más activo no fue la policía, sino el sector docente, que instaló la frase que resumió el giro: “Ahora faltamos nosotros”.

Cuando ese mensaje prende, el conflicto deja de ser sectorial. Se vuelve estructural. La conversación se corrió hacia la equidad salarial entre áreas del Estado y sumó un símbolo aún más corrosivo: “todo en negro”, como acusación de opacidad y precarización en la estructura de remuneraciones. Ahí el debate deja de ser cuánto y pasa a ser por qué.

Mientras el clima digital se calentaba, el Senado buscó mostrar institucionalidad: reelección unánime de Michlig en una provincia sin vicegobernador y acuerdos sostenidos con el PJ pese a la mayoría oficialista. Es una foto de estabilidad. Pero no responde la pregunta que quedó instalada afuera: quién cobra qué, con qué reglas y qué pasa cuando un sector empuja.

El riesgo político es lineal: contagio hacia otros sectores estatales y consolidación del relato “el que presiona, consigue”. La oportunidad también es obvia: un esquema integral, transparente y verificable de política salarial que reemplace la negociación por goteo. Sin eso, la gestión queda atrapada en una dinámica de reacción permanente.

La frase “salimos” ordena puertas adentro. Hacia afuera suena a otra cosa: a desconexión. En un clima de sensibilidad salarial, no alcanza con apagar una protesta. Hay que recuperar el control del encuadre. Porque si el encuadre lo fija la calle digital, la próxima crisis no va a preguntar si el gobierno quiere discutir salarios. Va a imponerlo.

 

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