Faro, la fundación afín a Milei, multiplicó por 356 su patrimonio

En 10 segundos:
Qué pasó: Chequeado accedió al balance 2024 de la Fundación Faro y detectó un crecimiento patrimonial superior a 350 veces.
Qué cambia desde hoy: la organización queda bajo la lupa por el origen y destino de fondos declarados como donaciones, cursos y talleres.
A quién le pega: al entorno político e ideológico cercano a Javier Milei y a las fundaciones que operan en la conversación pública.
Qué mirar ahora: si la Fundación Faro informa quiénes fueron sus donantes y cómo se vinculan esos recursos con su actividad política y comunicacional.

Buenos Aires, 1 de junio de 2026. La pista aparece en un balance aprobado en una oficina del centro porteño.

El 19 de mayo de 2025, las autoridades de la Fundación Faro se reunieron durante 105 minutos en el séptimo piso de Reconquista 40, en la Ciudad de Buenos Aires. Allí aprobaron el ejercicio económico 2024. Once meses después, ese documento llegó a la Inspección General de Justicia.

A partir de ese balance, una investigación de Chequeado, firmada por Rosario Marina y Manuel Tarricone, reconstruyó el salto financiero de la organización vinculada a Agustín Laje, uno de los referentes ideológicos más cercanos al presidente Javier Milei.

El dato central es el tamaño del crecimiento. En 2023, cuando todavía funcionaba bajo el nombre Fundación Valorar, la entidad había declarado un patrimonio neto de $12 millones. En 2024, ya bajo la estructura de Fundación Faro Argentina, informó $4.394 millones.

El cambio equivale a un incremento superior a 350 veces en un solo ejercicio.

La organización declaró además ingresos por casi $5 mil millones bajo el concepto “Donaciones, cursos, talleres y prevención”. Según el documento al que accedió Chequeado, más del 99% de esos recursos provino de ese rubro. El balance, sin embargo, no identifica quiénes fueron los aportantes.

Ese punto abre la zona más sensible de la investigación. Faro recibió una masa de fondos extraordinaria para una entidad que venía de una escala patrimonial mucho menor, pero la documentación presentada ante la IGJ no permite saber si las donaciones provinieron de individuos, empresas o de los eventos de recaudación organizados por la fundación.

Chequeado informó que consultó a la Fundación Faro y a Agustín Laje por el monto recaudado en la cena de lanzamiento, por la identidad o perfil de los donantes y por la cantidad de empleados de la organización. Al cierre de la investigación, no obtuvo respuesta.

La nueva etapa de Faro empezó meses antes del salto patrimonial. Hasta mayo de 2024, la entidad se llamaba Fundación Valorar. Luego renunciaron las autoridades previas y asumieron Ignacio María Bilbao la Vieja como presidente, Lucía Aldao como secretaria y Marcelo Macías como tesorero. En octubre se aprobó el cambio de nombre a Fundación Faro Argentina y la sede oficial pasó de Cerrito 1130 a Reconquista 40.

El primer acto de recaudación relevante ocurrió el 13 de noviembre de 2024, con una cena fundacional a la que asistió Milei. El propio balance indicó que ese encuentro buscaba reunir fondos para financiar programas formativos durante 2025. Desde entonces, la fundación realizó tres eventos con empresarios y dirigentes políticos. En todos habló el Presidente.

La investigación también detalla el destino principal del dinero. Según el balance, la mayor parte de los recursos no fue dirigida a gastos operativos, sino a inversiones financieras. Faro declaró $4.188 millones invertidos en fondos comunes de inversión, Letras del Tesoro nacional y bonos.

Los gastos en eventos, campañas y difusión alcanzaron $205 millones. Esa cifra aparece como antecedente de otra línea investigada por Chequeado: el gasto superior a $1.000 millones en publicidad política y electoral en Meta entre 2025 y 2026 a través del sitio Ratio, asociado a la Fundación Faro.

El balance muestra una estructura operativa acotada frente al volumen declarado. La fundación informó $23,9 millones en sueldos y cargas sociales, $39,9 millones en honorarios por servicios y $10,3 millones en servicios generales. También figuran alquileres y expensas por $115,8 millones, seguridad por $59,8 millones, gastos de oficina por $25,6 millones, viajes y alojamientos por $2,9 millones, e impuestos, tasas y contribuciones por $76 millones.

La crónica financiera que reconstruyó Chequeado deja una secuencia precisa: cambio de nombre, nuevas autoridades, cena de recaudación con presencia presidencial, ingresos millonarios sin detalle público de aportantes e inversiones financieras como destino predominante.

El caso instala una pregunta política de fondo sobre las organizaciones que rodean al oficialismo nacional. Faro no aparece solo como una usina ideológica: su balance la muestra como una estructura con recursos de gran escala, vínculos de alto nivel y una capacidad creciente para intervenir en la disputa pública.

 

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