En 10 segundos:
Qué pasó: Unidos para Cambiar Santa Fe ingresará sus proyectos de reforma electoral en el Senado y en Diputados.
Qué cambia desde hoy: comienza formalmente la discusión legislativa sobre el nuevo sistema electoral previsto por la Constitución reformada.
A quién le pega: a todos los partidos políticos y al funcionamiento institucional de la provincia.
Qué mirar ahora: cómo se ordena la negociación interna del oficialismo y cuál termina siendo el texto de consenso.
Santa Fe, 1 de julio de 2026. La reforma electoral dejó de ser una discusión preparatoria para convertirse en una disputa legislativa concreta. Esta semana comenzarán a ingresar los proyectos impulsados por los distintos sectores de Unidos para Cambiar Santa Fe, un proceso que volverá a poner a prueba la capacidad del oficialismo para administrar sus diferencias sin perder cohesión.
El escenario presenta una particularidad. Aunque el frente gobernante comparte el objetivo de actualizar la legislación electoral tras la reforma constitucional, radicales y socialistas volverán a impulsar iniciativas propias, una dinámica que ya se había visto durante el debate de la nueva Constitución. La estrategia busca preservar las identidades partidarias antes de abrir una negociación que desemboque en un texto común.
La Constitución aprobada en 2025 elevó el umbral político para cualquier modificación del sistema electoral. La exigencia de mayoría absoluta de los integrantes de cada Cámara obliga a construir consensos amplios y desalienta cambios impulsados únicamente por mayorías circunstanciales. La discusión, por lo tanto, trasciende el contenido técnico de la reforma y pasa también por la arquitectura política que permitirá aprobarla.
En ese tablero, el Senado aparece con una ventaja evidente para el radicalismo. El interbloque oficialista reúne una mayoría holgada que le permite alcanzar quórum propio y dispone de los números necesarios para conducir el ritmo del debate. Esa fortaleza convierte a la Cámara alta en un espacio con mayor capacidad para ordenar la negociación interna del frente.
La situación es diferente en Diputados. Unidos conserva una mayoría cómoda, aunque distribuida entre varios sectores, con un socialismo que concentra la mitad de las bancas oficialistas y mantiene margen suficiente para impulsar un proyecto propio. Esa diversidad amplía la deliberación y vuelve más compleja la construcción de una posición única.
Mientras tanto, el gobierno provincial eligió mantenerse al margen de la autoría formal de la reforma. La decisión de no enviar un proyecto del Poder Ejecutivo traslada el protagonismo político a la Legislatura y evita que la discusión quede reducida a un enfrentamiento entre oficialismo y oposición. El desafío ahora será transformar esa pluralidad de iniciativas en una ley capaz de reunir los votos que exige la nueva Constitución.


