Cristina Kirchner apuntó a su rival Esteban Bullrich

La ex presidenta hizo su último acto en La Matanza. «Es cierto que la gente está nerviosa, pero está nerviosa porque no llega a fin de mes», dijo.

Tres puntos arriba dice en medio del tumulto Fernando Espinoza. Ganamos por cuatro pronostica Jorge Taiana mientras abraza un bebé y posa para otra selfie. Seis arriba y Cambiemos no llega a 30 comenta, eufórico, Daniel Scioli a sus compañeros de boleta.

Esas matemáticas del futuro cercano -el del próximo domingo- adornaron el antes y después del acto con que Cristina Kirchner cerró, ayer, su campaña en una sede de la Universidad de La Matanza en González Catán, ahí nomás de la ruta 3.

La numerología feliz, que el peronismo K condimentó con alertas sobre el conteo de votos el domingo, desentonó con el tono más bravío de la ex presidente que como en un permitido, abandonó el modo zen y castigó a Cambiemos pero, en particular, a Esteban Bullrich.

«El candidato del presidente y de la gobernadora», dijo estirando las palabras, irónica, sobre su rival para el senado a quien, en continuado, le recordó sus gaffes: de sus analogías referidas a Anna Frank al elogio de «un pibe preso más por día».

«Es evidente que no fue el mejor ministro de Educación de la historia», lo enfocó Cristina y no lo soltó por un rato. Relató, con tono intimista, que cuando le contaron los fallidos de Bullrich pidió ver el video porque pensaba que estaban trucados.

«Lo esconden y lo mandaron callar», comentó sobre la equívoca performance campañista del ex ministro de Educación.

Fue una metralla quirúrgica contra Bullrich. Hasta el lugar de cierre operó en esa variable: fue en lo que Verónica Magario llamó «universidad fantasma» porque el edificio está terminado pero «Macri y el principal candidato» de Cambiemos «decidieron no destinar las partidas para pagarle a los docentes».

Pero a lo jefa, apenas empezó el discurso, antes de la perdigonada contra Cambiemos, Cristina puso una condición. «Cuando mencione a alguien que no los haga felices, les pido que no lo silben ni nada», pidió.

Esteban Bullrich pidió disculpas por su frase sobre «pibes presos»: «No refleja lo que soy, ni lo que pienso»

«Siento que hemos retrocedido. Siento que estamos discutiendo cosas que ningún ciudadano creía que se iba a volver a discutir», aseguró rodeado de jóvenes universitarios y unos treinta candidatos de Unidad Ciudadana.

Fue otra transgresión al modelo de campaña soft y minimalista que Cristina desarrolló estas semanas. En el acto de Arsenal, en Mar del Plata y en la mayoría de las bajadas, la ex presidente casi no se mostró con los demás postulantes. Ayer los alineó a todos sobre el escenario: de Scioli a Espinoza, de Roberto Salvarezza a Nicolás Rodríguez Saá.

Sin levantar el tono, Cristina también puso en su blanco a María Eugenia Vidal a la que acusó de abandonar la gestión en la provincia «para ponerse al frente de la campaña» y pidió votar para «ponerle límites» al gobierno PRO.

Jugó, con picardía, con la tesis de que votar en contra del gobierno es ayudar a gobierno a que entienda que está «equivocado» y al final se metió con la estampida del dólar. «Dicen que la gente está nerviosa por el resultado electoral. Es cierto que está nerviosa pero está nerviosa porque no llega a fin de mes, no por las elecciones ni por el dólar», cerró.

Sonó Vencedores Vencidos de Los Redondos, hubo flashes y saludos, y el coreo de «vamos a volver» mutó de a poco en estrofas de «La marcha peronista». Hacía rato, casi como un reflejo de la decisión de dejar de lado la marca PJ, que el emblemático himno partidario no musicalizaba un show de Cristina.

Afuera, como una metáfora del clima electoral, en el cielo de Catán se armaba un festival de tormenta, truenos y aguacero.

 

 

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