La reducción de retenciones anunciada por el Gobierno volvió a mover el tablero del agro en un momento en que la economía necesita dólares con urgencia. El recorte de dos puntos para la soja y sus derivados, y de entre uno y cuatro puntos para trigo y maíz, llega como un intento de ordenar expectativas luego de semanas de ventas lentas y precios internacionales en baja. La señal es nítida: incentivar oferta, aun cuando el efecto inmediato sobre el ingreso del productor será limitado.
Para Santa Fe, donde se concentran los complejos exportadores más relevantes del país, el cambio tiene impacto directo. La provincia opera como eje del movimiento de granos y subproductos, y cualquier variación en las reglas tributarias reconfigura flujos de venta, márgenes industriales y proyecciones de la cadena agroindustrial. La apuesta oficial es elevar la disponibilidad de dólares en los meses de verano, período clave para la liquidación de trigo y para sostener compromisos externos.
El costo fiscal, según distintas consultoras, no es menor. La baja de alícuotas para soja y derivados implica una caída estimada del ocho por ciento en la recaudación del próximo año. En maíz, el retroceso proyectado supera el diez por ciento y, en trigo, alcanza niveles más profundos debido al recorte de mayor magnitud. En conjunto, la resignación de recursos tributarios ronda entre 500 y 700 millones de dólares, dependiendo de la producción exportable y del comportamiento de los precios internacionales.
El efecto cambiario se concentra en el trigo, cuyo ciclo comercial coincide con la temporada estival. Las estimaciones de oferta total ubican la cosecha en torno a los 28 millones de toneladas, con un saldo exportable mayor al del año pasado. Ese volumen adicional aporta más a la disponibilidad de divisas que la rebaja impositiva en sí. Para la soja, la respuesta será más lenta: la sobreventa de septiembre agotó gran parte del stock remanente y el grueso de la liquidación recién llegará a partir del segundo trimestre.
El productor, en este escenario, recibe un beneficio acotado. Los márgenes negativos que arrastran algunas industrias limitan la capacidad de trasladar la baja de retenciones al precio interno. Analistas del sector estiman mejoras de entre 20 y 30 dólares por tonelada para la nueva campaña de soja, pero advierten que los cereales aún muestran márgenes en rojo. Esa combinación, sumada a la volatilidad del mercado internacional, reduce la posibilidad de un impacto inmediato en las decisiones de venta.
La respuesta política subraya la vocación de sostener el camino hacia una eliminación gradual de derechos de exportación, una promesa electoral que reaparece cada vez que el Gobierno busca alinear expectativas con el sector agropecuario. Las cámaras industriales valoraron el gesto, aunque insistieron en que la recuperación de competitividad requiere un escalonamiento más profundo y sostenido.
El recorte se inscribe en un contexto en el que la necesidad de divisas y la previsibilidad tributaria pesan más que la urgencia recaudatoria. La verdadera dimensión de la medida se conocerá con la nueva campaña, cuando productores e industria decidan si la señal alcanza para acelerar siembras, ordenar ventas y sumar estabilidad a una economía que depende, una vez más, de la capacidad de su agro para sostener el ingreso de dólares.


