“La Casita” no es sólo un símbolo de estabilidad y permanencia del Voluntariado Spínola en esta zona, sino el punto de referencia para los diferentes grupos que por allí pasamos bien sea para atender a los niños, jugar con ellos, ayudarles a hacer la tarea escolar, enseñarles canciones, rezos… y llenarlos de besos y abrazos porque después de una semana sin vernos el corazón siente la necesidad de expresar los sentimientos y afectos que “que por dentro corren”.
Pero hay una misión muy concreta que precisamente no se desarrolla dentro de la Casita aunque también de allí arranca y es la visita a los vecinos. La Sra. Noni Grill y Hermana Concepción Valverde recorren las viviendas empezando casi siempre por aquellas que nos han dicho que tienen enfermos o que son de familia numerosa lo que equivale a decir que en dos piezas viven abuelos, padres y varios hijos. Difícil a veces recordar cuántos son.
La acogida, cariño y sencillez con que nos reciben da pie para entablar diálogo sin que tengamos que llevar ningún tema preparado. Realmente “entramos en nuestra casa”, los que allí habitan comienzan rápidamente a sentirnos parte de los suyos. Y la conversación aflora con confianza y fluidez: Nos comentan desde la situación económica por la que atraviesan hasta sus deseos de conocer más a Jesús, pasando por necesidades concretas que en muchos casos está a nuestro alcance el darles solución.
Nuestra actitud primera es escucharlos asintiendo con gestos o palabras lo que van contando. Y cuando menos lo esperamos surgen las inquietudes y deseos de clarificarse interiormente. Entonces es cuando el Espíritu pone en nuestra mente y corazón lo que debemos decir.
El tiempo nos traiciona y si llevábamos pensado recorrer varias casas nos quedamos con la tristeza de no haber pasado más que por una o dos familias.
Es hermoso vivir la fraternidad aún con aquellos que nunca nos habíamos visto.
El Papa Francisco repite incansablemente: ¡Salgan!!
Salir de nuestros hogares, de nuestras preocupaciones, de nuestros quehaceres, dar nuestro tiempo y acoger con verdadero interés la realidad y sufrimiento de nuestros hermanos es hacer vida el Evangelio, la Buena Noticia que Jesús nos dejó.
Agradecemos a todos los vecinos del Barrio Guadalupe su cercanía y sencillez con que nos abren las puertas de sus casas.
Al dejar atrás físicamente todo lo vivido empezamos a saborear en nuestro interior la paz y la alegría que sólo Dios puede dar. Noni Grill y Hermana Concepción



