Domingo nació en el año 1894 en San Carlos Centro. Con el correr de los años se transformó en un prestigioso constructor y piloto de carreras. Hoy su legado -y el de toda su familia-, se conserva en el Museo Bucci de Zenón Pereyra que año a año recibe a más de 2.500 turistas que se maravillan con los autos que la Scudería Bucci construyó en sus casi 100 años de historia. Con el correr de los años su historia y la de su familia dio el puntapié inicial para el desarrollo del deporte motor en el país.
Los libros de historia del automovilismo argentino tienen un lugar de privilegio reservado para un sancarlino que en pocos años dejó una huella imborrable en el deporte motor.
“Domingo Bucci, constructor, preparador y piloto de competición, ganador —entre otros hitos— de las tradicionales “500 Millas Argentinas” disputadas en el autódromo del Atlético de Rafaela. Nació en San Carlos en el año 1894 y en las primeras décadas del 1900 se muda aquí a Zenón Pereyra. Domingo no arranca con los autos sino con los aviones y es por ello que viaja a Italia a aprender a volar. A su regreso vuela un aeroplano que estaba hecho en San Jerónimo Norte, pero el avión en una caída se rompió. A raíz de ello luego arman un nuevo avión con un motor que trajeron desarmado desde Europa en un barco. Y durante unos años daba espectáculos aéreos con un Blériot XI”, explicó Adriana Giecco responsable del Museo Bucci, lugar que atesora las obras de Domingo Bucci en Zenón Pereyra.
Tras el pedido de su esposa para que deje las acrobacias aéreas, comenzó a fabricar autos de carreras imprimiéndole todo lo que conocía de aerodinámica, y que había aprendido de la aviación.
En 1922 inauguró un taller ocupando un edificio de considerables proporciones, en el pueblo de Morteros, provincia de Córdoba. A la par de su habilidad mecánica y constructiva, se mostró poseedor de inusual habilidad como piloto.
Un apasionado
En 1925 y 1926 obtuvo la Copa Kade. Ese mérito le permitió conservarla en forma definitiva, al haberla ganado en dos oportunidades consecutivas. En el año 1927 volvió a triunfar en el mismo trayecto Rosario-Santa Fe-Rosario, nuevamente con un Hudson por él modificado y preparado. En 1926 corrió también con uno de sus Hudson en las 500 Millas Argentinas en Rafaela, yendo en punta hasta que la prueba se suspendió por las lluvias caídas. Arribó segundo en los dos años siguientes, hasta que finalmente, en la edición del año 1929 logró la ansiada victoria en la tradicional prueba santafesina.
Domingo triunfó también en las carreras más importantes que se corrían en esos años en la Argentina, como el Gran Premio de la Provincia de Santa Fe, que se disputaba en el óvalo de Esperanza, enfrentando y superando frecuentemente a los mejores pilotos nacionales y muchos de los extranjeros, de la talla de Carlos Zatuszek -con su Mercedes-Benz SSK-, Juan Malcolm –a bordo de su Delage Grand Prix-, Eric Forrest Greene –al mando de una Bugatti-, Victorio Rosa –conduciendo un Alfa Romeo-, Juan Lavarello, Víctor Pángaro y muchos otros.
En su corta vida deportiva hizo 58 podios en 64 carreras que corrió. Además de fabricar sus propios vehículos, lo hacía para otros pilotos. A los 39 años fallece en pista en Arrecifes, tras un grave accidente aéreo.
Legado
Durante su estadía en Zenón Pereyra nacen sus dos hijos Rholand y Clemar. “El más chico -Clemar- se convirtió en el primer piloto argentino que sale a correr al exterior, antes que Fangio dado que corrió las carreras de Grand Prix antecesoras de la Fórmula 1 moderna».
En sus temporadas en la máxima categoría corre con Gordini, Maserati y Ferrari. “No tuvo grandes logros en cuanto a puestos. Siempre fue opacado un poco por Juan Manuel Fangio, quíntuple campeón de la F1 y el máximo piloto de la historia en esa categoría. Y tampoco tenía los mejores autos de la época. El Museo Bucci cuenta con todos los trofeos nacionales e internacionales, que Clemar logró en su carrera deportiva. Aquí están las copas de Mónaco, y las plaquetas conseguidas en Monza y Berna”.



