Navidad de 2006 y marzo de 2007. Esperanza sucumbió a la peor inundación del casco urbano de su historia. Miles de vecinos perdieron bienes materiales e inmateriales por la falta de obras hídricas que mitigaran los efectos devastadores del agua.
Durante 24 años de gestión radical la ausencia de inversión en canales, desagües y bocas de tormenta pasaron factura a un gobierno municipal desentendido de la necesidad de planificación, infraestructura y crecimiento sustentable. Lo peor del caso es que no lo ignoraban. En el despacho del intendente un informe de la Facultad de Ciencias Hídricas señalaba los puntos críticos que debían atenderse con urgencia para evitar lo que finalmente ocurrió por desidia, negligencia e irresponsabilidad del grupo gobernante que privilegió la cosmética de lo que se ve antes que la intervención en obras bajo tierra que no daban rédito político inmediato.
Mientras se gastaban sumas siderales en fuegos artificiales, contrataciones artísticas, fiestas de todo pelaje, viajes a China y hasta la compra de campanas para una ornamentación que nunca llegó a concretarse, la ciudad de Esperanza y sus habitantes fueron sometidos a las consecuencias del mayor estrago hídrico.
Por estos días, apenas ocho años después, los mismos personajes que dilapidaron los dineros públicos y pudieron ocultarlo abortando una auditoría que exhibió los manejos discrecionales y sin respaldo documental; los mismos que, más adelante, como concejales de la UCR, impusieron el número para aprobar a libro cerrado ejecuciones presupuestarias de los períodos en que fueron funcionarios; los mismos, Fascendini, Cammisi, De Pace, Comesatti se postulan a cargos electivos renegando y pidiendo no ventilar un pasado que desnuda sus miserias y contradicciones.
Ahora dicen tener un plan integral de obras hídricas y que convocarán a especialistas para que les digan cómo hacerlo. Ahora ofrecen lotes a bajo costo después de haber concentrado en pocas y conocidas manos la propiedad de terrenos adquiridos por usucapión aprovechando el conocimiento que disponían de la situación catastral y dominial de tierras privadas y fiscales: el origen del encarecimiento exorbitante de lotes en Esperanza sumado a una saga de testaferros, empresas de prestanombres, constructoras, contratistas del Estado y hasta la captura de inversores que terminó en la megaestafa de Bolsafé Valores con el estudio San Martín de Carlos Fascendini como productor bursátil y facilitador de la maniobra.
Esperanza enfrenta en las elecciones del 14 de junio el dilema de retroceder a prácticas políticas que conciben el poder con vocación totalitaria en manos de quienes actuaron como si fueran los dueños de la ciudad sacando provecho de cargos públicos y favoreciendo los negocios privados propios y de secuaces.
Si el periodismo es la primera versión de la historia, como postulan teóricos de la comunicación social, entonces su obligación es ejercitar la memoria. Poner al alcance del público receptor la información que se pretende ocultar, mostrar las inconsistencias entre dichos y hechos, hacer visible el cinismo y la hipocresía, promover la instalación en el debate ciudadano de los temas relevantes que se pretenden esquivar con meras consignas de mercadeo publicitario tan repetidas en época de campaña electoral.
En definitiva, contribuir desde la opinión pública a la construcción de democracia y ciudadanía. Y a crear conciencia de que el futuro del lugar que elegimos para vivir depende de las decisiones razonadas y meditadas que tomemos a la hora de elegir quiénes son los más aptos para la función pública. Aptos y honestos.
X Eduardo Marnicco


