El Gobierno amplió este jueves el acceso de los adolescentes al mercado de capitales y abrió una discusión que excede lo regulatorio. La posibilidad de invertir en fondos que replican bonos, acciones u otros activos retoma un fenómeno social que avanza desde hace años: chicos de secundaria operando desde el celular, con billeteras digitales que se volvieron parte de la vida cotidiana.
La Comisión Nacional de Valores presentó la Resolución 1091 como un paso dentro de la autonomía progresiva reconocida por la ley. Para Santa Fe, donde el uso temprano de plataformas financieras se extendió durante la pospandemia, la novedad marca un punto de inflexión. La medida combina una apertura concreta —más productos disponibles— con una advertencia explícita: el acompañamiento adulto es obligatorio y ningún menor puede operar sin supervisión.
Hasta ahora, los jóvenes solo podían acceder a fondos money market. El nuevo marco incorpora instrumentos más diversos, pero mantiene restricciones claras. Quedan afuera los fondos cerrados y aquellos habilitados únicamente para inversores calificados, una forma de evitar que perfiles inexpertos se expongan a riesgos difíciles de dimensionar. El espíritu de la norma es permitir el aprendizaje, no la especulación.
Detrás del anuncio hay una pregunta de fondo: quién educa a los adolescentes en este nuevo ecosistema financiero. La CNV sostiene que ampliar herramientas fomenta hábitos responsables y acerca el mercado a generaciones que ya usan apps para ahorrar, pagar y administrar su dinero. Pero también reconoce que el cambio tecnológico multiplicó las decisiones que antes tomaban solo los adultos, y que la supervisión familiar seguirá siendo un resguardo esencial.
Las entidades del mercado deberán adaptar procedimientos y controles para operar con menores de edad. Ese ajuste no será menor: desde trazabilidad hasta protocolos específicos para validar cada movimiento. En paralelo, los representantes legales tendrán que asumir un rol más activo en la explicación de riesgos, ventajas y límites de cada instrumento.
A medida que la tecnología reconfigura la relación de los jóvenes con el dinero, la regulación intenta acompañar sin ignorar los riesgos. La apertura para menores introduce una puerta de entrada más ordenada, pero deja pendiente un desafío mayor: construir una educación financiera capaz de sostener decisiones informadas en un entorno que se mueve cada vez más rápido.


