Desinflación macrista: el Gobierno y la economía, en un punto de inflexión

Una fuerte devaluación y una recesión que apenas comienza hunden la confianza de los ciudadanos y hasta el ánimo de funcionarios en un Gobierno con crecientes internas.

“Mire que yo suelo ser optimista, pero esta vez el panorama está oscurecido”, admite con pesadumbre un economista que transita los pasillos del Fondo Monetario Internacional (FMI) en Washington. “Acá ven que la recesión va a ser más profunda de lo que cree el Gobierno, que el Gobierno no da pie con bola con las medidas que hay que adoptar y les preocupa que se resista a un gran acuerdo económico y social con empresarios, sindicalistas y opositores, aunque es necesario para atravesar esta crisis”, agrega la fuente desde la capital norteamericana. Y prefiere mantener silencio cuando se le pregunta sobre el presunto desconcierto en el FMI dado que los supuestos macroeconómicos sobre los que se firmó el acuerdo del 7 de junio pasado han quedado desdibujados. El dólar aquel día cotizaba a 25,52 pesos y este 4 de julio valía 28,71, con el consiguiente impacto en inflación y actividad.

Las expectativas sobre el gobierno de Cambiemos se desinflan. Atrás quedó la imagen del presidente Mauricio Macri bailando, sin globos, pero en el balcón de la Casa Rosada mientras su vicepresidenta Gabriela Michetti cantaba Gilda. Las expectativas de los inversores están desinfladas y así lo manifiestan los precios de los activos argentinos, desde las acciones a los títulos públicos y el peso. La confianza de los ciudadanos en el Gobierno y en su capacidad de consumo también caen a su menor nivel en dos años y medio de gestión, según lo reflejan los índices de la Universidad Torcuato Di Tella, semillero de funcionarios de Cambiemos como los salientes presidente y vicepresidente del Banco Central, Federico Sturzenegger y Lucas Llach. La confianza en el Gobierno de Macri aún está por encima que la de la administración de Cristina Fernández de Kirchner en sus horas bajas, de 2008/09 y de 2012/015. La del consumidor está mejor que en 2001 y 2002, pero peor que en casi toda la era K, salvo el penúltimo de sus 12 años.

La economía que venía creciendo hasta la corrida cambiaria de abril pasado ya arroja las primeras señales de recesión. Los encuestadores demuestran que la imagen de Macri toca un piso aún alto (37%, según Ricardo Rouvier & Asociados) e incluso algunos de ellos, no la mayoría, miden que por primera vez Cristina Kirchner superaría el rechazo social que provoca entre tantos argentinos y vencería por los pelos a su sucesor en una segunda vuelta para la que falta muchísimo, unos 16 meses. Rouvier y Raúl Aragón & Asociados dicen que Macri le ganaría por entre 5 y 7 puntos, pero Grupo de Opinión Política, de Raúl Timerman, la da vencedora por un punto, mientras Hugo Haime & Asociados también la ubica victoriosa.

En pleno bajón se cruzan peleas internas en el Gobierno sobre cómo bajar el déficit fiscal primario (antes del creciente pago de intereses de la engrosada deuda). Un día, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, admite que evalúan tocar las retenciones a la exportación del agro, que fueron eliminadas al trigo y al maíz y que están en proceso gradual de rebaja a la soja. Después, Macri recibe este 3 de julio a la Mesa de Enlace para repetirles una vez más que cumplirá con la reducción tributaria. No todos los líderes de las entidades rurales quedan convencidos: algunos sospechan que será imposible que cumplan las metas fiscales con el FMI sin suspender la poda de retenciones. Mientras, el ministro de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, eliminó el monotributo social agropecuario, que beneficiaba a los que abastecen al mercado interno.

Un día se aplica un ajuste en un hospital modelo que inauguró el kirchnerismo en Florencio Varela y a las pocas horas el ministro de Salud, Adolfo Rubinstein, anuló el recorte. Este 2 de julio, el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, reconoció que analizan un impuesto al turismo en el extranjero mientras Dujovne prometía a inversores externos que no lo haría. Al día siguiente, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, le dio la razón a Dietrich, pero más tarde el ministro de Hacienda, crecido en su poder a partir del ajuste acordado con el FMI, ratificó su postura. A Dujovne le irrita la resistencia de Peña a recortar el gasto o el optimismo de Dietrich, a quien lo obligó a postergar otra vez una compra de trenes.

No por nada el ministro del Interior y Obras Públicas, Rogelio Frigerio, armó una reunión pública con los líderes de la Cámara de la Construcción, Carlos Weiss, y de la Unión Obrera de la Construcción (UOCRA), Gerardo Martínez. Así mostró fortaleza ante los ajustes que se avecinan en la obra pública. Pero cuando este 3 de julio en el Congreso le preguntaron a Dujovne por las cloacas que la Nación le costea a AySA, él respondió: “También podemos recortar obras de agua que se hacen en el interior”.

Nafta. Tampoco la industria petrolera tiene claro qué hará el ministro de Energía, Javier Iguacel, con las comprometidas alzas de los dolarizados precios mayoristas de gas y electricidad ni con la supuesta libertad del mercado de combustibles. Lo ven tironeado entre Peña, que busca evitar tarifazos adicionales, y Dujovne, que quiere impedir aumentos de subsidios. El ministro de Hacienda promete que en dos años la Argentina exportará gas, pero en las petroleras dudan de las inversiones si hay inseguridad jurídica.

“Dujovne está embobado con la meta fiscal y le chupa un huevo lo político”, se quejan cerca de un ministro. “Primero quería traspasar el déficit a las provincias, pero es inviable. Nico cambió, en términos de ego, ambiciones. Eso es más grave que los problemas de gestión. Pero internas eran las de antes. Las de otros gobiernos. Acá se maneja un trato mucho más profesional”, se defienden en el gabinete. Allí cuentan que en los focus groups a los que tanto recurre Cambiemos el 70% de la gente percibe que desmejora su situación y la mayoría pronostica un futuro aún peor. “Dejame pasar diciembre y después empieza otra carrera”, dicen los críticos de Dujovne en el gabinete. “De cualquier manera, ni estamos pensando en diciembre. Déjame pasar estos tres meses y vemos”, concluyen.

Pero no sólo reinan las internas en el “equipo”, como suelen llamarlo los del PRO. También el desánimo. Algunos CEO’s siempre recuerdan que resignaron salario para ir al sector público, más allá de las sospechas persistentes de conflictos de intereses o de sobresueldos financiados por la Agencia Federal de Inteligencia (AFI). Pero esa supuesta pérdida de ingresos tenía un premio: la gloria, que se postergó después de que el plan de ajuste gradual sostenido con endeudamiento externo se pulverizara. “Hace tres meses te juntabas a comer un asado con los funcionarios para que te contaran sus planes… Ahora si te juntás es para putearlo”, cuenta un ejecutivo de la industria semillera, el mismo que hace unos días recibió un llamado de un ruralista preocupado por las retenciones. “¿Las van a volver a poner?”, preguntó entrecortado. “No se te oye bien, ¿dónde estás?”, le respondió el semillero. “En el Mundial de Rusia”, contestó.

Puja. “En todas las discusiones del presupuesto se dan pujas dentro del gabinete, pero la de 2019 tendrá mayor crudeza”, admite uno de los funcionarios presentes en la última exposición de Dujovne en el Senado. “Todos estamos sorprendidos por la magnitud de la turbulencia y los más inexpertos están desorientados. Tuviste que subir mucho la tasa para controlar al dólar y eso te complica el crédito bancario, pero es bueno si recuperás la confianza”, completa.

El economista jefe de uno de los bancos extranjeros radicados en la Argentina está preocupado pese a que un día baja el dólar a fuerza de elevar las tasas de interés de las Letras del Banco Central (Lebac) a más del 60% en el mercado secundario. “Acá faltan dólares y no hay forma de conseguirlos. Dujovne nos dijo a los inversores que bajarían del 5% al 3% el déficit de cuenta corriente (componente de la balanza de pagos compuesta sobre todo por la balanza de exportaciones e importaciones), pero para eso necesitás no sólo devaluación sino una recesión más profunda y larga que la que quiere el Gobierno. La plata del FMI te alcanza para cubrir los vencimientos de deuda de 2018, pero no los de 2019 ni tampoco las letras de corto plazo en dólares que te vencen en noviembre que viene”, analiza el economista de la banca foránea, que teme hasta una cesación de pagos. Los credit default swap (CDS), seguros antidefault, de la Argentina están más caros (443 dólares) que los de Grecia (316). Los CDS indican que existe un 26% de probabilidad de default en los próximos cinco años, 52% en diez años y 89% en 30 años.

En cambio, en uno de los principales bancos nacionales niegan cualquier posibilidad de default y comparten los pronósticos del Gobierno: “Nuestros economistas dicen que la guita del FMI alcanza y le creemos a Dujovne cuando dice que no habrá que salir a los mercados de deuda hasta 2020. Bajar el déficit fiscal primario a 2,7% del PBI en 2017 es fácil. Al 1,3% en 2018 es más complejo, pero el FMI te permite un 1,5% si hay necesidad de más gasto social. Esperamos una recuperación en el cuatro trimestre de 2018 y que en 2019 haya una buena cosecha, porque nunca hubo dos años de sequía seguidos, y que los precios de la soja estén mejores que ahora (el menor nivel en diez años)”, se ilusiona el banquero. En otra entidad vecina del Microcentro aseguran que cada semana se presenta un cliente pyme en concurso preventivo por el estiramiento de la cadena de pagos. El banquero optimista admite: “Acá no vemos eso, pero con estas tasas no podés prestar ni a las grandes empresas. Cuando se estabilice el dólar, bajarán. Por ahora pusimos freno a la apertura de sucursales, cayó la demanda de crédito hipotecario, las empresas sólo se endeudan a corto plazo y crece la mora de las personas de ingresos bajos”. Añade que los inversores especulativos pueden volver si la avaricia los puede, pero el hecho de que ya no está asegurada la reelección de Macri y de que vuelva a sonar la “letra K” los ahuyenta. “Más que las peleas en el gabinete asustan más (el presidente de la UCR, Alfredo) Cornejo o (el jefe del bloque de senadores peronistas, Miguel Ángel) Pichetto con sus reclamos”, agrega el banquero.

Mesa. En la mesa política de Macri, que integran Peña, Frigerio, el diputado Emilio Monzó, la gobernadora María Eugenia Vidal, el jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta y los radicales Cornejo, Ernesto Sanz y Gerardo Morales, aclaran que no negociarán el presupuesto 2019 con un “revólver en la cabeza”. “Si el PJ no acompaña, gobernaremos con el presupuesto prorrogado. No es lo mejor para la imagen de confianza exterior en el país, pero tampoco es una tragedia”, comenta uno de la mesa chica y aclara: “La charla con el peronismo no implica de ningún modo incorporaciones al Gobierno. Una eventual crisis grave también se llevaría puestos a gobernadores e intendentes peronistas. Y las encuestas marcan que cada punto que perdemos por la incertidumbre económica no va a parar a los virtuales candidatos moderados del PJ, sino a Cristina. El fantasma de ella los sigue disciplinando, aunque no les guste”. El peronismo presiona para que la Nación transfiera a Vidal y Larreta el costo de subsidiar AySA, Edenor y Edesur y Dujovne se reunió con ambos gobernantes del PRO este 2 de julio para conversar al respecto. Larreta acepta un proceso de transferencia gradual, pero Vidal gobierna una provincia con menos recursos, con un cuadro social que se complica, resiste cualquier traspaso e incluso se ha elevado el gasto en pymes y jubilaciones.

“El optimismo está intacto”, se entusiasman en la mesa chica de Macri. “Sólo hay que ajustar el discurso a la realidad de la turbulencia financiera actual, sin negar lo evidente de esta crisis. pero el acuerdo con el FMI es flexible en sus metas más delicadas”, confían en el círculo íntimo de Cambiemos. Si se incumplen objetivos de reducción del déficit fiscal primario e inflación o de sostenimiento de las reservas del Banco Central, siempre puede negociar un waiver o perdón con el alta política del Fondo, es decir, el directorio donde pesan los gobiernos de los países más poderosos como Estados Unidos, Japón, China o Alemania. En 2001, esas potencias se cansaron de que la Argentina incumpliera las metas e interrumpieron los desembolsos del rescate.

Pero en la mesa chica confían: “Es incomparable la caída de la actividad económica con la de 2001. Esto es una desaceleración, no un derrumbe. La otra diferencia clave es el escenario social: entonces no había una red de contención con subsidios. Hoy hay un piso, y además hay una trama de movimientos sociales que contienen, y aunque sean antioficialistas, se sientan a la mesa de (la ministra de Desarrollo Social) Carolina Stanley a conversar o al menos a putear. No hay alerta por estallidos sociales para diciembre”.

Un integrante del gabinete desde la primera hora está menos esperanzado: “Estamos en jaque. Si no recuperamos la confianza, perdemos. La gente nos aguantó hasta principio de año. Lo peor que nos puede pasar es que la gente pierda la esperanza. Nos van a dejar de votar. Cristina era una vendedora de espejitos de colores. Hay un golpismo explícito en la oposición. Estamos perdiendo una oportunidad histórica y van a volver los que nos trajeron hasta esta situación”. También apunta adentro del Gobierno: “Hay mucha soberbia, desprecio de la política, no escuchan. Que Peña y sus laderos (vicejefes de Gabinete) Mario Quintana y Gustavo Lopetegui pongan la jeta como la ponemos nosotros. Ellos no firman nada y no pagan los costos”.

Algunos operadores del mercado piden la cabeza de Peña. Pero otro integrante de la mesa política del Gobierno aseguran que el jefe de Gabinete es la “simbiosis” de Macri: “Sigue teniendo su confianza. Es cierto que hay otros jugadores que antes no jugaban, pero no perdió poder. El gabinete no es el vestuario de (Jorge) Sampaoli”. La mesa política está concentrada en la negociación del presupuesto que se presentará el 15 de septiembre próximo. Macri ordenó que antes se lo acuerde con la oposición amiga.

Malaria. La economía empezó a caer en abril por la sequía, incluso antes de la corrida cambiaria. Justo cuando los precios de la soja valen la mitad que en el pico de 2008. Como señalaron los economistas Carlos Seggiaro y Martín Hourest en una reciente conferencia organizada por la Fundación Friedrich Ebert, de la socialdemocracia alemana, el problema radica en la matriz productiva y la inserción argentina en la división internacional del trabajo que sigue igual desde hace décadas. Las materias primas agrícolas dependen de ciclos de altibajos en los precios y el clima y en las malas no generan suficientes dólares. El regreso a la sustitución de importaciones que impulsó el kirchnerismo era deficitario de divisas, dada la importación de insumos y maquinaria. Este mal endémico de la Argentina tampoco se solucionó con la estrategia inicial de Cambiemos, tal como le espetó el ex ministro de Economía Axel Kicillof a Dujovne en el Senado: “Abrirnos a las importaciones, a los capitales especulativos, con tasas altas, nos generó tanta volatilidad externa que devaluamos tres veces más que Turquía o Brasil”. Kicillof le pidió que precise a cuánto cotizará el dólar a fin de año, pero el ministro le contestó que no podía darle ese pronóstico porque ya no hay cepo cambiario. No se debate cómo exportar productos que no dependan de subibajas de los mercados y del pronóstico del tiempo. Por ahora derrapa la producción agrícola, empieza a caer la industria y sus empleos, también el consumo masivo, se desmoronan las ventas de motos y autos. La diputada Elisa Carrió reacciona proponiendo a la clase media que dé más propina. “De ‘van a llover inversiones’ a ‘por favor den propinas’”, comentó por Twitter la socióloga Alcira Argumedo, que en 2013 había llegado a la Cámara de Diputados en alianza con Carrió.

En el Gobierno se despegan de la líder de la Coalición Cívica y apuntan a controlar el dólar, acordar el presupuesto con el PJ más amigable y recortar lo mínimo posible las obras públicas, dado que Macri se encomienda a ellas para su reelección. “Esperamos que, una vez que se logre calmar al dólar, se pueda ir bajando gradualmente la tasa y eso reactivará la actividad económica a final de año o comienzos de 2019, lo cual nos dará aire para encarar el año electoral con buenas perspectivas”, sostiene un miembro de la mesa política de Macri. Es el aire que necesitan para volver a inflar los globos.

 

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