El desencanto de los albertistas con un Presidente cristinizado

Las heridas internas que dejó el anuncio de la reforma judicial. Y por qué no se puede gobernar sin CFK.

No fue gratis para Alberto Fernández el flamante anuncio de la reforma judicial. La letra chica de esa iniciativa, que habían empezado a redactar los colaboradores más cercanos del Presidente, entre ellos Gustavo Beliz, Vilma Ibarra y la ministra de Justicia, Marcela Losardo, al final fue borrada con el codo y reescrita por el otra ala del Gobierno, el cristinismo, con el abogado de la vicepresidenta,  Carlos Beraldi, a la cabeza. Con el agravante de que los fieles de CFK introdujeron una polémica modificación que hizo volver a sonar las cacerolas y bocinas: el plan de ampliar la cantidad de integrantes de la Corte Suprema para así conseguir una nueva mayoría automática. Tanto se molestaron los albertistas con esas novedades de último momento que dos de ellos ni siquiera fueron testigos del anuncio del miércoles 29. Ni Vilma Ibarra ni Beliz dijeron presente. Y la increíble excusa de que estaban ocupados con otros temas y preferían evitar el amontonamiento en tiempos de cuarentena solo calentó más el ambiente.

Hay resignación e impotencia entre los colaboradores del Presidente que ven cómo la omnipresente figura de CFK lo va envolviendo y opacando. Aquel líder de principios de la pandemia que gozaba de altísimos niveles de imagen fue desinflándose con el correr de los meses hasta ser este Alberto de hoy, que debe aclarar que las medidas que toma son suyas y no de la vicepresidenta, como hizo en la trama de Vicentin.

¿Fernández tiene opción? ¿Puede plantársele a la dueña de la mayoría de los votos del espacio? Recordemos que su versión cristinizada, la de la reforma laboral, sobrevino tras un intenso y mediático “fuego amigo” de la militancia de CFK que lo acusó de cipayo, conservador y amigo de la “corpo”, entre otras lindezas.

Es entendible que el albertismo pretenda un jefe más independiente. Vilma Ibarra, por citar un ejemplo, ya no tiene diálogo con CFK después de haberle dedicado un comentado libro, “Cristina vs. Cristina”, en el que desmenuza una por una sus contradicciones y supuestas mentiras. Beliz ya fue echado por el difunto marido de la jefa, Néstor Kirchner, en los lejanos comienzos de la era K. Sergio Massa, el aliado del Presidente al que CFK tal vez aún no termina de indultar, la enfrentó en elecciones y le ganó al candidato de ella, Martín Insaurralde (¡y con Alberto como jefe de campaña!). Es decir que los que hoy podrían definirse como albertistas son, en buena medida, antiguos kirchneristas que tuvieron y tienen problemas con la jefa. Y que la jefa esté volviendo, claro, los preocupa.

Alberto tiene una explicación para los albertistas que le reclaman mayor autonomía. Les dice que él es quien hoy asegura la unidad del peronismo y que, por lo tanto, debe actuar como un equilibrista entre las distintas facciones del movimiento, conceder favores, atender reclamos, mantener contentos a unos y a otros. En definitiva, no gobierna solo.

Los albertistas intentan entenderlo. Aunque ese famoso equilibrio del que se ufana el jefe más bien les huela a rendición.

 

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