El giro político de Milei: Santilli al Interior y una nueva etapa de alianzas territoriales

La llegada de Diego Santilli al Ministerio del Interior marca un cambio de ciclo en el gobierno de Javier Milei. El nombramiento, anunciado el domingo por la tarde, refuerza el núcleo de poder presidencial con un dirigente experimentado en gestión y diálogo, y apunta a reconstruir los puentes políticos que el oficialismo había dinamitado en su primer año.

El presidente confirmó la designación en X con un mensaje directo: “Diego será quien llevará adelante las conversaciones con gobernadores y legisladores para articular los consensos necesarios para las reformas que vienen”. Detrás del tono informal, la señal es inequívoca: Milei necesita ampliar su base de sustentación para convertir el triunfo electoral de octubre en respaldo parlamentario.

La reconfiguración del gabinete —con Santilli en Interior y Manuel Adorni en la Jefatura de Gabinete— traslada la interlocución con las provincias al círculo más cercano del presidente, desplazando a Lisandro Catalán, que había intentado un esquema de gestión más técnico que político. Para el interior del país, y especialmente para Santa Fe, la jugada redefine los canales institucionales por donde pasan las decisiones fiscales, los fondos de obra pública y los Aportes del Tesoro Nacional.

En una provincia con fuerte peso exportador y necesidades crecientes de infraestructura, el Ministerio del Interior funciona como bisagra. Allí se definen los flujos financieros que sostienen hospitales, rutas, escuelas y programas de saneamiento. El margen de negociación que Santilli logre construir con los gobernadores será clave para evitar una nueva ola de conflictos por transferencias y fondos coparticipables.

La designación también revela una inflexión política: el gobierno libertario busca dejar atrás el aislamiento y tejer una alianza pragmática con sectores del PRO, el espacio que Santilli integró durante casi dos décadas. Ese giro responde a una lógica de supervivencia legislativa: las reformas estructurales que Milei planea impulsar —fiscal, previsional y laboral— requieren acuerdos que exceden a La Libertad Avanza y su bloque en el Congreso.

En Santa Fe, donde el gobernador Maximiliano Pullaro mantiene una relación de equilibrio con la Casa Rosada, la noticia fue recibida con cautela. La administración provincial observa cómo se reorganiza la interlocución nacional antes de reactivar reclamos por obras viales, deuda de coparticipación y asistencia a municipios. En el entorno del mandatario aseguran que “la provincia está dispuesta a discutir cualquier reforma siempre que respete la autonomía y la producción santafesina”.

Santilli, de perfil dialoguista y gestión ejecutiva, representa el tipo de figura que Milei necesitaba para estabilizar la relación con las provincias sin ceder el control político. Su paso por la Ciudad de Buenos Aires y sus vínculos con gobernadores de distintos signos lo posicionan como un operador confiable para el nuevo tablero federal que el presidente quiere diseñar.

El desafío, sin embargo, es estructural: ordenar un esquema de poder que hasta ahora dependió de decisiones unipersonales y que enfrenta la resistencia de los actores territoriales. Si el nuevo ministro logra articular los consensos que Milei busca, el Gobierno ganará aire para avanzar en las reformas. Si no, la fractura entre la Casa Rosada y las provincias volverá a dominar la escena política del verano.

 

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