El Indec después de la confianza: cuando el problema ya no es quién mide

En 10 segundos

  • Qué pasó: Renunció Marco Lavagna y asumirá Pedro Lines.

  • Qué cambia desde hoy: Se posterga la nueva metodología de inflación.

  • A quién le pega: A la credibilidad del dato.

  • Qué mirar ahora: La relación entre estadística oficial y confianza social.

Santa Fe, 3 de febrero de 2026.

En Argentina, los nombres del Indec rara vez importan por lo que saben. Importan por lo que representan. Por eso, la salida de Marco Lavagna y la llegada de Pedro Lines no activaron un debate técnico, sino uno mucho más corrosivo: el de la credibilidad.

El anuncio buscó cerrar rápido la discusión. “Intachable”, se dijo. En otro país, el adjetivo habría pasado de largo. En este, funciona como alarma. Cada vez que el poder necesita subrayar pureza, la sospecha ya está instalada.

Pedro Lines es un técnico sólido. Trayectoria en estadísticas públicas, experiencia internacional, continuidad institucional. Todo lo que el Indec necesitaba después de la manipulación abierta del pasado. El problema es que esa etapa dejó una marca más profunda que cualquier reforma metodológica: enseñó a desconfiar.

La postergación de la nueva metodología de inflación es el dato político central. No porque cambie el índice mañana, sino porque confirma algo que en la calle ya se percibe: el número dejó de ser un punto de llegada y pasó a ser un campo de disputa.

Las reacciones en redes no discutieron fórmulas ni canastas. Discutieron intención. Apareció, casi automáticamente, la comparación con los años más oscuros del organismo. No importa que el contexto sea otro. En la memoria social, el Indec ya estuvo roto una vez.

Ahí aparece el verdadero problema. El Indec fue pensado para medir. Hoy también legitima. Sus números no solo informan: justifican decisiones, sostienen relatos, amortiguan costos. Esa sobrecarga simbólica es incompatible con la neutralidad estadística.

La salida de Lavagna se leyó como síntoma. Para muchos, si incluso quien garantizaba continuidad decide irse, es porque la tensión entre técnica y relato se volvió insostenible.

Lines asume un cargo imposible: medir bien ya no alcanza. Publicar correctamente tampoco. La pregunta que flota es qué tendría que pasar para que un número vuelva a ser creíble sin ser defendido.

Mientras la inflación siga siendo una experiencia cotidiana más dura que cualquier índice, la discusión técnica quedará subordinada al bolsillo. Y en ese terreno, ningún currículum puede competir.

El Indec entra en una nueva etapa no porque cambie su director, sino porque cambió su función social. Ya no es solo el organismo que mide la realidad. Es el lugar donde se juega, otra vez, la frágil relación entre el Estado y la verdad pública.

 

Compartir:
 
 
Ver más notas sobre: El País Política
 
 
Recibí nuestras alertas de actualización y mantenete atento a las novedades que te proponemos, desde el resumen de medios mas importante de la provincia.
 

Tambíen te puede interesar...

 
Diseñado y desarrollado por Quarter Studios