Endurecer a Macri, pero sin chocar con todos

La reacción del oficialismo frente a los conflictos es más fuerte, aunque sin descuidar matices. Confronta con los gremios docentes pero negocia con movimientos sociales.

La fórmula es conocida, pero nunca fácil ni de resultado asegurado: se trata de cuidar al Presidente, mostrar firmeza y darle colores de ofensiva a un ejercicio que nace como necesidad defensiva. El equipo del oficialismo, no sólo del Gobierno, intenta en estas horas salir del esquema que sólo colocaba la actitud de diálogo como respuesta a reclamos y embestidas de distinto tipo, con el doble propósito de ampliar la línea de respuesta rápida a cada problema y eludir un cuadro en el que Mauricio Macri queda más bien solo en la escena. “No puede ser que tenga que atajar todo y algunos no cuiden sus propias medidas”, resume una fuente del equipo presidencial que no ahorra sugerencias sobre los pocos cuidados y la módica voluntad de debate de algunos funcionarios frente a reacciones producidas por sus decisiones de gestión. Un ejemplo: la habilitación de algunas importaciones de escaso sentido económico pero que “dan letra para hablar de una destrucción de la producción nacional”, según las palabras de la fuente referida. Algunos trazos de un discurso más firme pueden ser advertidos últimamente en Macri, pero no todo es en blanco y negro. No es lo mismo el conflicto docente que los piquetes en continuado, ni el frente sindical o las organizaciones sociales. La reacción, por ahora, parece matizada.

La realidad indica que las mayores inquietudes provienen de lo que se ha dado en llamar el frente social. El almanaque anota los días que restan hasta el paro nacional sin movilización de la CGT -que con realismo el Gobierno descuenta como inevitable-, pero el renglón anterior lo sigue escribiendo el largo conflicto docente. En este punto, la visión sobre Macri se hace extensiva a María Eugenia Vidal, pieza vital del oficialismo: en espejo, la escalada gremial es percibida como una movida central de la oposición dura, y en particular del kirchnreismo -asociado a Roberto Baradel, jugado y buscado como contraparte- para esmerilar las chances políticas y electorales de Cambiemos.

¿No hay matices en este caso? ¿Se ve todo como un bloque uniforme. sin fisuras ni diferencias? Macri, y por supuesto Vidal, han sido especialmente duros con los sindicatos y más precisamente con sus conducciones. Sin embargo, el oficialismo busca incidir en el conglomerado docente y también sostener que se trata de un conflicto que tiene como eje a Buenos Aires, pero no se agota allí y afecta a la mayoría de los distritos. Hay, en este caso, no tanto una búsqueda de distinciones, que de todos modos existen, sino más bien un enfoque o una mirada más amplia sobre la docencia y la relación con la sociedad..

La Provincia cuenta con alrededor de 300 mil docentes y, según cuentas de la gobernación, tienen afiliación sindical entre el 50 y el 60 por ciento. La organización más nutrida es Suteba, el sindicato que encabeza Baradel, en medio de su propia interna con sectores de izquierda tradicional enfrentados también al kirchnerismo. Segundo en nivel de adhesión se anota la FEB, seguida de lejos por Udocba, que se referencia en la CGT y no en Ctera, y otras organizaciones, entre ellas las de escuelas técnicas y privadas. Hay algunas diferencias de alineamiento o escaso vínculo con la política, y también de “táctica” que empezaron a expresarse sobre todo en relación con el tipo de protesta en los días de paro nacional.

No es tarea sencilla tratar de encaminar el diálogo en esas condiciones, aunque funcionarios provinciales trabajan en esa dirección. La apuesta central, de todos modos, parece apuntar a desenganchar el reclamo, generalizado, de la práctica gremial por ahora dominante. Vidal apunta en esa línea, con los riesgos y los costos que supone.

En paralelo, se registra el trabajo sobre los gobernadores para mantener el criterio inicial de evitarque el número de aumento de salarios sea fijado en paritaria nacional. La experiencia dice que esa cifra siempre fue tomada como base y no como techo en las negociaciones provinciales, según destacan voceros de gobernadores, en especial del PJ. De todos modos, los caminos elegidos no son en todo los casos iguales; tampoco los resultados. El cálculo global dice que la mitad o poco más de los jefes provinciales lograron acuerdos, aunque algunos son parciales -con gremios que levantaron las protestas y otros que las mantienen, en un mismo distrito- y en otros casos tampoco “cerraron el año”: permitieron encaminar las clases, con compromiso de seguir discutiendo el número final de aumento. Con todo, por ahora, el esquema de paritaria por distrito se mantiene y, naturalmente, el foco está puesto en el desenlace bonaerense.

Otra es la lógica y la reacción frente a la protesta de la CGT. En este caso, los movimientos del Gobierno no están orientados a frenar el paro, sino más bien a evitar o amortiguar los pasos siguientes de los jefes sindicales. En esa línea se anotan, incluso desde antes, los acuerdos sectoriales para “revitalizar” la producción, como el reciente anuncio sobre la industria automotriz. También, los intentos tardíos -en vista del paro declarado- de atender a los sectores más dañados, entre ellos el calzado y el textil. Pero el dilema mayor para el Gobierno es cómo rearmar y afirmar puentes estables con la central sindical .

El cuadro de mayor conflictividad también expone que la unidad cegetista fue un avance en términos de interlocución, pero no resolvió de manera definitiva las internas y la dispersión del poder sindical.

Desde hace rato, funcionarios políticos de Macri admiten que “se complicó” el vínculo con el triunvirato de la CGT, que integran con cierto grado de juego propio pero sin liderazgo único Héctor Daer, Juan Carlos Schmid y Carlos Acuña. No es un tema restringido al hecho de que esa salida fue tejida por Hugo Moyano, Luis Barrionuevo y otros referentes. Se suma también que la variedad de internas y de movimientos independientes del trío cegetista ofrecen canales diversos de conversación al Gobierno, pero no alcanzan para encauzar una negociación que permita traducir el reclamo sindical. El punto, reconocen, es qué temas discutir en concreto cuando el discurso cuestiona globalmente la política económica del Gobierno. Como sea, los contactos aún abiertos se mantienen activos, en la perspectiva de reactivar alguna forma de diálogo después del paro del 6 de abril.

Diferentes son los tiempos en el capítulo de los movimientos sociales. En este caso, con la ministro Carolina Stanley en primera línea y también con especial atención de la jefatura de Gabinete y del propio Macri -disparada o acrecentada por el nivel en aumento de piquetes- , el objetivo acordado es darle un corte al proceso de reglamentación de la ley de Emergencia Social. Fuentes del oficialismo afirman que la mayor dificultad es cómo asegurar el destino de los fondos, es decir, cómo garantizar su seguimiento y control. Es probable que al ritmo político que ahora se impone, al menos en principio se registren “desprolijidades” en la ejecución del presupuesto.

Esa es una parte de la historia, que sostiene el cuidado de la relación con el Movimiento Evita, la CCC y Barrios de Pie: las negociaciones, abiertas y reservadas, son parte de un cuadro que registra tensiones pero hasta ahora encontró un marco político. Una inquietud diferente y tal vez más grave tiene que ver con organizaciones que escapan a esa lógica, es decir, que apuestan a la protesta en continuado. Hay preocupación por la fatiga social frente a los cortes, pero también temor a un desenlace dramático en algún piquete. El discurso, por ahora, elude ese tema.

 

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