El inicio de 2026 encontró a la Argentina bajo una de las alertas ambientales más severas de los últimos años. El Servicio Meteorológico Nacional y el Servicio Nacional de Manejo del Fuego clasificaron a 16 provincias en situación “crítica” o “extremadamente explosiva” por riesgo de incendios. Sequía prolongada, temperaturas elevadas y vientos intensos conforman un combo que empujó el índice de peligro a niveles máximos y obligó a prohibir de forma absoluta el uso de fuego al aire libre, incluso en ámbitos privados.
La Patagonia concentra las escenas más urgentes. En Chubut, la zona de Puerto Patriada, en la localidad de El Hoyo, vivió horas de alta tensión cuando el avance de las llamas sobre bosques de pinos y áreas de uso turístico forzó la evacuación de cientos de vehículos de un camping y dejó viviendas destruidas. El fuego se movió con rapidez en un territorio donde la vegetación y las construcciones conviven sin barreras claras, una postal cada vez más frecuente del riesgo de interfase.
En Río Negro, la emergencia se desplegó en varios frentes. En San Carlos de Bariloche, dos focos simultáneos demandaron la intervención de brigadistas, bomberos y medios aéreos. Uno de ellos, en una cantera cercana a sectores urbanos, obligó a reforzar la vigilancia durante horas para evitar rebrotes. Más al sur, en El Bolsón, los equipos lograron contener un incendio en Loma del Medio antes de que alcanzara zonas críticas, aunque las tareas de enfriamiento continúan ante la inestabilidad del clima.
Las condiciones meteorológicas explican la fragilidad del escenario. Humedad relativa baja, temperaturas elevadas y vientos persistentes del oeste aceleran la propagación del fuego y reducen los márgenes de control. Con ese telón de fondo, las autoridades restringieron cualquier actividad que implique encender fogatas o realizar asados fuera de espacios habilitados, una medida que apunta a evitar focos intencionales o accidentales en un contexto de máxima sensibilidad.
El operativo nacional busca coordinar recursos entre provincias para priorizar la protección de vidas humanas y viviendas. Aviones hidrantes y helicópteros se concentran en la franja andina, donde los incendios de interfase representan el mayor desafío operativo: no se trata solo de defender el monte, sino de contener el avance sobre barrios, servicios y zonas turísticas.
La magnitud del problema queda expuesta en el mapa de la alerta roja, que abarca Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe, Córdoba, La Pampa, San Luis, Mendoza, La Rioja, Tucumán, Santiago del Estero, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego. En todas ellas, los sistemas de monitoreo permanecen activos para detectar columnas de humo de manera temprana.
Para Santa Fe, incluida en ese listado, la señal es clara: el riesgo dejó de ser un fenómeno lejano asociado a los bosques patagónicos. El verano arranca con un patrón climático que vuelve vulnerable a buena parte del territorio y obliga a extremar cuidados. En un país que enfrenta incendios cada vez más frecuentes y complejos, la prevención ya no es una consigna estacional, sino una condición básica para atravesar los meses que vienen sin sumar nuevas pérdidas.


