El sector pyme sigue siendo el talón de Aquiles de la economía argentina, con una caída interanual del 6,5% en octubre que refleja las dificultades estructurales de las pequeñas y medianas empresas. Aunque el crecimiento mensual desestacionalizado del 4% parece ofrecer un respiro, los números rojos persisten en el acumulado del año, con una contracción del 14,5% en los primeros diez meses de 2024.
Los datos del Índice de Producción Industrial Pyme (IPIP), elaborados por la CAME, destacan que apenas dos de los seis sectores manufactureros evaluados lograron un crecimiento interanual: «Maderas y muebles» y «Textiles e indumentaria», con modestos avances del 0,3% y 0,2%. En contraste, «Papel e impresiones» y «Alimentos y bebidas» registraron desplomes alarmantes del 20,6% y 13,1%, respectivamente.
Aunque el uso de la capacidad instalada alcanzó su punto más alto en casi un año (62,3%), la realidad para muchas pymes es sombría. Estas cifras reflejan un ecosistema productivo que intenta sobrevivir en un contexto adverso, donde las señales de recuperación parecen más un espejismo que una tendencia consolidada.
El desafío radica en transformar este crecimiento puntual en un cambio sostenible. Para ello, el sector requiere políticas claras que ofrezcan alivio fiscal, acceso al crédito y condiciones que incentiven la inversión. ¿Podrá la economía revertir el rumbo o seguiremos sumidos en una recuperación que nunca termina de despegar?


