La morosidad de las familias argentinas en el sistema bancario alcanzó en octubre un punto crítico. Según el último Informe sobre Bancos del Banco Central de la República Argentina, el 7,8% de los préstamos a hogares se encuentra en situación irregular, un nivel que triplica el registro de un año atrás y constituye el más alto de los últimos quince años.
El dato no solo describe un problema financiero, sino una tensión social más amplia. Mientras la mora total del crédito al sector privado se ubicó en 4,5%, el comportamiento de los hogares contrasta de forma marcada con el de las empresas, cuya morosidad fue de apenas 1,9%. La brecha muestra que el esfuerzo de ajuste recae, de manera desproporcionada, sobre las economías familiares.
La comparación interanual refuerza esa lectura. En octubre de 2024, la mora de las familias era del 2,5%. Doce meses después, el salto evidencia un deterioro acelerado de la capacidad de pago. En las compañías también hubo un aumento, pero partiendo de niveles bajos: del 0,7% al 1,9%. El sistema absorbe ambos movimientos, pero el impacto cotidiano es muy distinto.
En provincias como Santa Fe, donde el consumo interno y el crédito al hogar sostienen buena parte de la actividad comercial, la señal es clara. La dificultad para cumplir con cuotas de tarjetas, préstamos personales o créditos prendarios empieza a reordenar decisiones básicas: qué se compra, qué se posterga y qué se deja directamente de pagar.
El informe del Banco Central muestra además cómo se distribuye el crédito. La exposición bruta del sistema financiero al sector privado representa el 43,8% del activo total. De ese universo, el 24% corresponde a empresas y el 19,9% a familias. Aunque el peso es similar, el riesgo se concentra en los hogares, que cuentan con menos margen para absorber shocks de ingresos.
Paradójicamente, el crédito sigue creciendo. En octubre, el financiamiento al sector privado en pesos avanzó 0,9% en términos reales, impulsado por líneas con garantía real. Entre los hogares, se destacó el dinamismo de los créditos hipotecarios, con un aumento del 4%, y de los prendarios, que subieron 1,7%. El acceso existe; la dificultad aparece después, al sostener el pago en el tiempo.
Desde el punto de vista del sistema financiero, el cuadro es manejable. El Banco Central informó que las previsiones de los bancos cubren el 101% de la cartera irregular, lo que implica capacidad para absorber eventuales pérdidas. Para las familias, en cambio, la estadística tiene otro peso: traduce angustia, reordenamiento forzado y una presión creciente sobre ingresos que no acompañan el ritmo de las obligaciones.
El récord de morosidad no anticipa una crisis bancaria, pero sí un límite social. Marca el punto en el que el ajuste deja de ser una variable macroeconómica y se convierte en una experiencia concreta dentro de los hogares. Cómo evolucione ese número en los próximos meses será una de las claves para entender no solo la economía, sino también el clima social que se avecina.


