Un testigo y víctima de los hechos de violencia ocurridos ayer en el Congreso de la Nación narró lo vivido en esas horas de tensión.
Oscar Vallejos, secretario adjunto de la Asociación de Docentes de la Universidad Nacional del Litoral, viajó a Buenos Aires en representación del gremio para manifestarse contra la reforma previsional que impulsa el gobierno y que ayer debía debatirse en la Cámara de Diputados.
Según el testimonio que brindó, Vallejos llegó sobre el mediodía a la zona del Congreso. Tras dos intentos fallidos por las calles Riobamba y Callao, logró acercarse por Rivadavia. Allí, contó, “estaban los partidos de izquierda, llegaba la UOM, había gente sin organización, muchos jubilados con carteles, Barrios de Pie, CTEP y el movimiento la Dignidad. Yo esperaba a la CTA Autónoma y a CONADU Histórica”.
“Estando en el ala izquierda del Congreso -continúa su relato- empezamos a sentir los disparos de balas, que suponía eran de goma, y empezaron a tirar bombas de gas lacrimógeno. Hubo una estampida, mujeres que lloraban y chicos que vomitaban”. Esto ocurrió cerca de las dos de la tarde.
Sobre la cantidad de móviles policiales que circulaban por la zona, detalló que “estaban por todos lados; en moto; en unidades celulares; pasaban los bomberos”.
Posteriormente, siguió Vallejos, “armamos la columna de la CONADU Histórica con compañeros de la AGD, UBA y de ADUNLU (Universidad de Luján) por la calle Entre Ríos. Ahí resistimos los distintos embates. Los camiones hidrantes lanzaban un líquido amarillo: el chorro de líquido te tiraba al piso y te pintaba de amarillo, lo que se veía como una doble provocación”.
“Las fuerzas policiales avanzaban desde diferentes frentes, provocando. Había, nos dábamos cuenta, muchísimos servicios y había que cuidar mucho para que no se infiltren en las columnas. Esperábamos allí, lejos, porque el vallado y el camión hidrante no nos dejaba avanzar”.
En las horas más tensas de la escandalosa tarde de ayer, Vallejos aseguró: “Las brigadas policiales salían de caza y la gente se defendía tirando los contenedores de basura al medio de la calle”.
Al recibir las noticias del supuesto quorum logrado, contó, “la calle se enfervorizó”.
“Gritábamos pero no podíamos avanzar. Sabíamos que el tiempo era ahí. Que había que impedirlo en la calle. Las noticias de que no prosperaba la sesión nos daban esperanzas, hasta que llegó la noticia de que levantaban la sesión”.
Ya suspendida la sesión de la cámara baja, el representante de ADUL evaluó: “Carrió no bancó la presión de la calle y que la represión fuera la única garantía de una ley que sería ilegítima por saqueadora y porque había sido fraguada sobre la represión”.
Finalmente, Vallejos, testigo presencial de una jornada que quedará en la historia, concluye: “Festejamos a lo grande. Nos abrazamos y empezamos a desconcentrar y a pensar cómo organizarnos para la contraofensiva que el Gobierno prepararía. No levantaríamos el paro, en repudio a la represión y porque tenemos que organizarnos. Había que volver a Santa Fe, a seguir la lucha aquí. Descansé y aquí estoy, para pensar la lucha y a construir fuerza colectiva”.


