Macri y Fernández, golpe a golpe, cruzaron fuertes acusaciones en el debate presidencial

Los seis candidatos debatieron en la Facultad de Derecho de la UBA.

Seguridad, el rol del Estado o empleo: en cada eje temático abordado por los candidatos en el segundo debate presidencial, tanto Mauricio Macri como Alberto Fernández eligieron intercambiar munición gruesa, mientras que el resto de los seis postulantes alternaron sus plataformas con cuestionamientos a ambos. Esa fue la tónica que se repitió en el debate de hoy en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA), de cara a los comicios del 27 de octubre.

Alberto Fernández (Frente de Todos), Mauricio Macri (Juntos por el Cambio), Roberto Lavagna (Consenso Federal), Nicolás Del Caño (FIT), Juan José Gómez Centurión (Frente Nos) y José Luis Espert (Unite) expusieron sus cartas en el debate sobre cuatro ejes temáticos: Empleo, Producción e Infraestructura; Federalismo, Calidad institucional y Rol del Estado; Desarrollo social, Ambiente y Vivienda; Seguridad.

En las presentaciones individuales, Macri advirtió que el próximo domingo «se vota en qué tipo de país vamos a vivir», mientras Fernández señaló: «Esta semana le dedicaron mucho tiempo a mi (dedo) índice. Sería bueno que nos dediquemos a los índices de desocupación, de pobreza…». Del Caño compartió las críticas al formato («propuse que hubiese un debate real», destacó), en su primera intervención Gómez Centurión tuvo segundos de sobra («no vengo a ser políticamente correcto», sostuvo), Lavagna sostuvo que Chile es el ejemplo de que «los pueblos no tienen una paciencia infinita» y Espert remarcó: «Cuidado, en esta elección la historia puede repetirse».

Seguridad
En el primero de los ejes temáticos, donde cada uno tuvo un tiempo de exposición de dos minutos, un espacio de intercambio de treinta segundos y otro medio minuto para la respuesta o cierre, Del Caño aseguró que la actual administración tiene «fuerzas de seguridad militarizadas con libertad para matar», mientras que Lavagna se refirió al exjuez de la Corte «Eugenio Zaffaroni y sus fans», en referencia al kirchnerismo. «Nosotros estamos del lado de la víctima», aseveró.

Espert propuso bajar la edad de imputabilidad a los 14 años «con penas de cumplimiento efectivo» mientras Fernández pareció responderle: «Es fácil hablar de mano dura. La inseguridad está directamente vinculada a la desigualdad de una sociedad».

Gómez Centurión sostuvo que «el narcotráfico corrompe todo lo que toca» y llamó a «terminar con este perverso negocio», mientras Macri sentenció: «Somos distintos a ellos», y enumeró logros en la lucha contra el narcotráfico y en la posición ante el terrorismo.

En el espacio de intercambio, cada uno se apegó a su libreto, con Macri y Fernández ignorando a los demás postulantes y repartiéndose ataques y chicanas. «Gracias a Dios no nos parecemos en nada», le dijo el postulante del Frente de Todos al presidente, y prometió «menos marketing y más seriedad», mientras Macri dijo que durante el kirchnerismo «le dio un gatillo fácil a los delincuentes». Del otro lado, Espert seguía detallando su plataforma de gobierno con advertencias a los piqueteros («cuidado Grabois», dijo), Gómez convocaba al «orden en el país» y Del Caño dijo que Pichetto imita «a Micky Vainilla», el personaje ultraderechista de Diego Capusotto.

Empleo, Producción e Infraestructura
«Ninguno de los tres (Empleo, Producción e Infraestructura) tienen ninguna solución en el marco de una economía como la actual», disparó Lavagna en el segundo eje temático, donde definitivamente Fernández y Macri se trenzaron en una pelea de golpe y golpe, como si fuesen los únicos contendientes. «Presidente…», se dirigió Fernández a Macri en cada intervención, mientras el mandatario candidato a la reelección habló de «nosotros y ellos». Macri se refirió a una «matriz de corrupción en la obra pública durante el gobierno K, dijo que Fernández «se fue sin denunciar nada» del gobierno y remarcó que «ellos hablan de empleo, pero entre 2011 y 2015 se estancó la generación de empleo». y aseguró que fue «la peor gestión en energía de la historia».

Fernández no demoró la respuesta: «Esta es la tasa de desempleo más alta de los últimos trece años», dijo, añadió que «el presidente uberizó la economía argentina» y manifestó que «el trabajo es la mejor garantía de paz social». Y le preguntó: «¿Usted, en el clan Macri, no vio la corrupción en la obra pública?».

Gómez Centurión también habló de corrupción en obras pública en la era kirchnerista y dijo que Cambiemos en el poder «es una máquina de hacer quebrar las pymes», mientras Del Caño afirmó: «Macri jamás va a entender lo que le genera a una familia que se queda sin empleo», además de referirse a una «dirigencia sindical vendida».

Espert apuntó hacia el mismo lugar, al calificar a los sindicalistas de «corruptos, delincuentes y algunos partícipes necesarios de algún asesinato». Y asestó la primera pregunta directa, con ALberto Fernández como destinatario: «¿Usted no vio nada o fue cómplice?».

«Cuando tuve diferencias renuncié y me fui a mi casa», sostuvo el candidato kirchnerista, y le sugirió: «No me corra por el lado de la corrupción, puedo darle clases de decencia». Macri no se quedó afuera: «Es difícil creer que Lavagna lo vio del otro lado de la calle y usted, desde la oficina de al lado, no vio nada».

Federalismo, Calidad institucional y Rol del Estado
Alberto Fernández aseveró que «Macri llegó diciendo que iba a mejorar la calidad institucional pero nombró jueces de la Corte por decreto» y llamó a «terminar con los empresarios que corrompen y los funcionarios que se dejan corromper, y también con los empresarios que llegan al gobierno para hacer negocios con sus empresas».

«La prensa corre peligro con Macri, no conmigo», manifestó, nuevamente dirigiéndose directamente al presidente, quien le respondió que el kirchnerismo «dejó un Estado sin estadísticas, sin controles y lleno de militantes», y sostuvo que Fernández «firmó el primer decreto para intervenir el Indec».

«No somos iguales», «no somos lo mismo», repitió una y otra vez Mauricio Macri, y Alberto Fernández expresó frases similares, pero Espert ironizó sobre ambos. «Se tiran misiles», dijo, pero «deberían abrazarse y hermanarse, porque tan diferentes no son», consideró.

Por su parte, Gómez Centurión se refirió al kirchnerismo como “el paradigma de la corrupción» y dijo que, «del otro lado», el macrismo mostró «cierto grado de complicidad con esa corrupción». Del Caño recordó que Macri «emitió un decreto para salvar a su familia de una deuda con el Estado» y propuso «que todos los funcionarios y jueces cobren lo mismo que un docente». Pero el único que decidió no atacar y limitarse a exponerse su plataforma fue Lavagna, quien propuso «una política tributaria y crediticia a favor del interior» y medidas para «aumentar el control sobre el poder del presidente».

Desarrollo social, Ambiente y Vivienda
«Presidente, no nos parecemos en nada, gracias a Dios, y en el tema de la pobreza es donde menos quiero parecerme a usted», arrancó Alberto Fernández en el último tópico, para remarcar: «Este gobierno está haciendo pasar hambre a la gente». Macri respondió con sentencias como «gobernaron 24 de los últimos treinta años y la única idea genial que tuvieron fue ocultar la pobreza»; «siempre han hecho clientelismo», y «en 35 años gobernando La Matanza no pudieron hacer una sola obra».

Pero cuando anunció que, a partir del 1º de enero, los créditos UVA se ajustarán por salario y no por inflación, casi todos los demás candidatos tuvieron su opinión al respecto. «Parece que Macri se acordó del problema de la vivienda en estos últimos cinco minutos», chicaneó Fernández, Del Caño aseveró que «los créditos UVA fueron una estafa», e incluso Lavagna señaló: «Me pone muy contento después de muchos meses de drama para la gente». El presidente aprovechó para dar otro paso adelante en sus ataques: «Aguantar la agresividad kirchnerista es duro, pero escuchar que digan que tienen las soluciones a los problemas que ellos generaron es increíble».

Mientras tanto, Gómez Centurión reseñó que «décadas de planes sociales que han fracasado. Desarrollo social debería ser lo opuesto a asistencialismo». Espert remarcó que Argentina lleva «treinta años con pobreza estable en un treinta por ciento», dijo que «para luchar contra la pobreza hace falta crecimiento sostenido» y propuso reformar «completamente» el programa previsional.

 

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