El meteotsunami que sorprendió este lunes a Mar del Plata, Camet y Santa Clara del Mar dejó un saldo de un fallecido y al menos 35 heridos, según reportes periodísticos y fuentes provinciales citadas por medios nacionales. La escena fue la misma en varios puntos: el agua avanzó de golpe, con corrientes fuertes, y convirtió una tarde de playa en una evacuación improvisada.
El oceanógrafo Walter Dragani explicó que el fenómeno se disparó por un centro de baja presión que perturbó la superficie del mar y generó una onda que se amplificó al llegar a la costa. Ese detalle técnico importa por una razón práctica: el riesgo nace lejos de la orilla y llega con velocidad, sin el “tiempo social” que la gente asocia a una tormenta anunciada.
Qué se puede anticipar y qué no
Dragani fue preciso con el límite: la repetición es posible, pero la predicción con varios días de anticipación no entra en el menú. La combinación necesaria es específica: presión, desplazamiento del sistema y un “acople” con la forma de la costa que potencia la onda. La consecuencia es incómoda para el turismo y para la gestión: el margen real de respuesta está más en la alerta situacional que en el pronóstico.
La señal de alerta que vale oro
La advertencia más útil para bañistas y familias es directa: el comportamiento del agua. Un retiro rápido del mar o un cambio brusco del nivel en segundos amerita salir de la orilla y ganar altura. En este tipo de eventos, el primer minuto define lesiones evitables, sobre todo por golpes, arrastre y pánico colectivo.
Antecedentes: baja frecuencia, memoria larga
En la región hay registros que sostienen la idea de recurrencia: un episodio recordado en Mar del Plata en enero de 1954 y otro evento en la madrugada del 8 de diciembre de 2022, que inundó balnearios y tuvo impacto hasta Montevideo. La lección común no es la repetición exacta, sino el patrón: cambios repentinos, poca anticipación y mucha exposición humana en la franja costera.
Para Santa Fe, el tema tiene una lectura de utilidad inmediata: miles de familias viajan cada semana a la costa y muchas lo hacen con chicos. La prevención más efectiva entra en una frase: mirar el agua como si fuera un semáforo. Cuando el mar se mueve raro, la mejor decisión es moverse primero.


