Penacca: “Crueles y cagones”, a quienes negaron quórum por los jubilados.

Desde el despacho de una diputada que no esquiva el cuerpo a la confrontación, Paula Penacca dejó este jueves una marca de fuego en el debate previsional argentino. Con tono encendido y argumentos estructurados, la legisladora de Unión por la Patria acusó a sus colegas opositores de “crueles” y “cagones” por negarse a dar quórum a una sesión clave en la Cámara de Diputados. El objetivo era debatir proyectos de ley que podrían haber incrementado en 65 mil pesos los ingresos de los jubilados de la mínima. Pero los asientos vacíos hablaron más fuerte.

“¿Qué diputado puede ser tan cruel, o tan cagón como decía Maradona, para no plantarse ante el Gobierno y defender a nuestros jubilados?”, disparó Penacca. La frase no fue una ocurrencia suelta: formó parte de una intervención radial extensa, en la que la diputada de La Cámpora tejió un relato que combinó memoria histórica, impacto económico y sentido moral.

La amenaza de la historia que se repite

A sus 44 años, Penacca asegura hablar con la experiencia de haber vivido —como ciudadana y como militante— el desmoronamiento del menemismo. “Durante años parecía imbatible. Pizza con champagne, impunidad política, pero un día se agotó. Y los funcionarios no podían ni caminar por la calle”, advirtió. La advertencia se dirige a los diputados que hoy especulan con el viento a favor del presidente Javier Milei en las encuestas, y prefieren no exponerse en votaciones incómodas.

“El sistema político no puede vivir de rodillas frente al poder ejecutivo. Si algo nos enseñó la historia, es que los silencios de hoy se convierten en condenas sociales mañana”, señaló, al trazar el paralelismo con los ’90.

Valores, familia y una batalla que es personal

Pero más allá del juego político, Penacca puso en el centro un argumento de carne y hueso: sus padres. “Mis viejos se jubilaron gracias a la moratoria de Néstor y Cristina. Se jubilaron con la mínima. Yo no podría mirarlos a la cara si no defiendo esto”. No es una metáfora: la diputada transformó su relato en un testimonio que interpela no solo a los colegas de bancada, sino a cualquier ciudadano que haya tenido que hacer cuentas con una jubilación que no alcanza.

En números, fue precisa: 4,7 millones de personas reciben la jubilación mínima. De ellas, nueve de cada diez mujeres y ocho de cada diez varones no podrían jubilarse sin moratoria, según datos oficiales citados por la propia legisladora. Y desarmó el argumento fiscal con otro dato: la extensión de la moratoria previsional representaría apenas el 0,08% del PBI, contra el 2,5% que suponía el 82% móvil que en su momento impulsaron quienes hoy le niegan el quórum.

El dilema de fondo: ¿qué pasa con quienes no se pueden jubilar?

“La gente no se extingue”, sentenció. “Trabajó toda su vida. ¿Cómo le vamos a negar que pueda vivir sus últimos años con dignidad, con algún ingreso?”. La frase remite a un sentido común cada vez más ausente del debate político: el de la justicia social entendida no como slogan, sino como obligación institucional.

¿Giro discursivo o punto de inflexión?

Penacca no esconde su pertenencia kirchnerista, pero su intervención excedió la interna del Frente de Todos. En un Congreso fracturado, donde las mayorías se construyen con acuerdos efímeros y los gestos pesan tanto como los votos, su arenga sonó como un intento de reordenar la brújula ética de la política.

El mensaje está lanzado. No solo para quienes dejaron vacía su banca por temor o cálculo electoral, sino también para la sociedad: “Hay que volver a poner las cosas en su lugar”.

Y quizás, después de años de ruido, esa sea la frase más subversiva que pueda pronunciarse en el Congreso

 

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