El Gobierno nacional inicia una semana decisiva en el Congreso, donde el Presupuesto 2026 y la reforma laboral funcionarán como termómetro real del poder que La Libertad Avanza logró construir después de su triunfo en las elecciones de octubre. Más allá de los números parlamentarios, lo que se pone en juego es la eficacia del nuevo diseño interno que conduce Karina Milei junto al núcleo político de los Menem.
La arrasadora victoria electoral reordenó el mapa dentro de la Casa Rosada. El llamado “karinismo” avanzó en el control del esquema político y dejó en evidencia un reparto de roles más rígido que en etapas anteriores. En ese contexto, la relación con los gobernadores dialoguistas —incluidos varios mandatarios peronistas— quedó dañada, obligando al Ejecutivo a reabrir canales para garantizar gobernabilidad.
El primer desafío concreto es el Presupuesto 2026. El ministro del Interior, Diego Santilli, asumió la tarea de recomponer vínculos y asegurar los votos necesarios. En las últimas semanas recorrió provincias y recibió gobernadores en Balcarce 50 con un objetivo puntual: blindar la ley de leyes. La estrategia oficial apunta a un trámite rápido, con la Comisión de Presupuesto y Hacienda constituida este lunes y la intención de llevar el proyecto al recinto entre miércoles y jueves para darle media sanción.
La conducción de esa comisión quedará en manos de Alberto Benegas Lynch, quien busca acelerar los tiempos con el respaldo del jefe del bloque libertario, Gabriel Bornoroni. El oficialismo apuesta a que el Presupuesto sea la primera señal de orden político en un Congreso fragmentado y con mayorías frágiles.
El tablero se vuelve más complejo en el Senado, donde la reforma laboral enfrenta mayores resistencias. Patricia Bullrich asumió el rol de armadora en la Cámara alta, con la intención de imprimirle velocidad a un proyecto que todavía arrastra demoras internas. El plan es iniciar el debate en comisión esta semana y forzar un dictamen rápido, con la expectativa de llegar al recinto entre Navidad y Año Nuevo.
Los obstáculos son evidentes. Por un lado, los tiempos legislativos reducidos y la resistencia a sesionar en pleno período festivo. Por otro, la presión de la oposición para ampliar la lista de expositores en comisión, un recurso habitual para dilatar definiciones. A eso se suma un Senado donde el oficialismo no controla la agenda con la misma holgura que en Diputados.
Este martes, la reunión de Labor Parlamentaria —con la vicepresidenta Victoria Villarruel al frente— será clave para ordenar la discusión y medir hasta dónde está dispuesto a ceder cada bloque. Para el Gobierno, la semana no solo define dos leyes centrales, sino también algo más profundo: si el poder acumulado en las urnas puede traducirse en consensos efectivos o si el Congreso volverá a marcarle el ritmo a la Casa Rosada.


