Mientras se realizaba el sorteo, en medio de representantes de la empresa, trabajadores, clientes y periodistas ingresó un niño con los pantaloncitos arremangados y despeinado. Uno de los empleados del puesto se agachó y le puso el oído.
Casi nadie lo vio, pero el empleado tomó un pan dulce, se lo dio en la mano al pibito, le dio un beso y le deseó que lo disfrute con su familia: «Naty, tickealo para mí» le dijo a la cajera. Y se fue a seguir atendiendo a los clientes.
Destacamos este gran gesto y resaltamos la calidad humana del personal de Carnave.



