La unidad del peronismo

Por Ricardo Rouvier

Ante el peligro de continuidad de Cambiemos por falta de alternativa, el peronismo se ha puesto en marcha para reunirse y ofrecer una opción más competitiva.

La crisis peronista, expuesta a partir de las elecciones presidenciales del 2015, y agudizada posteriormente en las legislativas del 2017, provocó la dispersión de sus partes en un conjunto de islas con alguna o ninguna relación entre ellas. Es verdad que siempre hubo diferencias, pero mientras se mantuvo el gobierno kirchnerista dichas desavenencias internas se escondían detrás del poder concentrado en el ejecutivo.

Sin embargo ahora, ante el peligro de continuidad de Cambiemos por falta de alternativa, el peronismo se ha puesto en marcha para reunirse y ofrecer una opción más competitiva. Por el momento la oposición peronista es diversa en cuanto a su intensidad y a su estilo, pero todas coinciden en generar una opción, con un rango que va desde una decidida disposición al diálogo hasta una firme resistencia. Inclusive la derrota ha llevado a que algunos ex dirigentes del PJ hayan cruzado el cerco y sean hoy miembros de Cambiemos. Esto es posible además, porque la fuerza política que lidera Macri tiene una flexibilidad de creencias que le permite navegar dentro del amplio espacio del liberalismo; un andarivel dentro de la ancha avenida del medio. Esa amplitud será reafirmada ante la renovación del 2019 y el cúmulo de problemas que va acumulando el oficialismo que lo aleja del círculo rojo.

Por otra parte, el poder de fidelización al PJ hoy está debilitado como ya fue demostrado por la propia CFK en las elecciones pasadas. Las proyecciones del randazzismo y del massismo surgieron por el techo que tenía la líder del kirchnerismo entre los votantes, pero todo esto se jugó en el terreno baldío que es hoy el justicialismo. Nadie abjura del peronismo, nadie dice que deja de ser peronista y eso, tal vez, facilita una doble lectura. Ser peronista es culturalmente tan fuerte que nadie quiere abandonar ese lugar; o al revés, hoy no tiene demasiada importancia serlo. No obstante, detrás de las cortinas del acuerdo, se alza el dilema entre el frentismo y la partidocracia. ¿Cuál es la táctica correcta?: constituir una alianza social y política frente a Macri, o empoderar al PJ como columna vertebral del futuro frente electoral. Este debate está influido por una serie de desencuentros entre el pejotismo y el kirchnerismo. Todo indica que es muy difícil, o imposible, pensar en un frente electoral competitivo sin un fortalecimiento y ordenamiento del PJ., considerando su vigencia aún en el subsistema cultural y social del país. Sin embargo hay una alarma estructural que se enciende, y no todos ven: cada día va disminuyendo su anclaje, sobre todo en las nuevas generaciones. Si uno observa con detenimiento las subculturas juveniles y las confronta con algunos aspectos sobresalientes del peronismo, el anacronismo emerge inexorablemente.

Sectores como el randazzismo, el kirchnerismo capitalino y el Frente Renovador han dado un paso adelante para salir de la inercia de la fragmentación, buscando la sinergia del cruce de opiniones y de debates. De esta manera se preparan para competir en el 2019, frente a un macrismo que se supone irá debilitándose por los problemas de la gestión económica, al punto que ya vuelven los vaticinios catastróficos que estaban a principios del 2016. La ausencia/presencia de CFK sigue siendo el fiel de la balanza, aparece tanto en el inicio de las conversaciones como en su seguimiento. La sentencia de que “con Cristina no alcanza, sin Cristina no se puede” es cierta, pero esta verdad pone al peronismo adentro de la encrucijada y no afuera. Más allá de la cuestión electoral, la unidad se haría sobre la base de un paso al costado de la ex Pta. por lo menos es lo que el randazzismo y los seguidores de Massa pondrían como condición. Aunque en el Frente Renovador las diferencias internas respecto al kirchnerismo los pone al borde de la ruptura. La fórmula es puramente electoral, si CFK en octubre del 2017 hubiera hecho una magra elección, el kirchnerismo estaría afuera de la discusión; pero sobre una estrategia opositora no se quiere desaprovechar el volumen electoral que significa. Desde el kirchnerismo, al beneficio numérico se le adjudican condiciones de dirección, o al menos de referente impostergable de la ex Pta. Según el kichnerismo; la presencia u omnipresencia de CFK pone un límite a la “derecha” de afuera y de adentro. Pero, justamente su proximidad es lo que desacomoda al resto de la dirigencia.

Hay otra fuerza interior del panperonismo que quiere reconstituir el Partido y que inclusive cita como modelo político a “La Comunidad Organizada”, que en el 2019 cumplirá 70 años , Otros sectores están lejos de esto y más cerca de la conformación de un movimiento político progresista. Los primeros abrevan en el liderazgo de Francisco y los segundos en el posmarxismo. Esto introduce la cuestión de la vanguardia: el kirchnerismo se considera a sí mismo como la fuerza que debe encabezar al peronismo y no al revés. Hay varios ensayistas progresistas que señalen que el peronismo ha muerto como la confirmación de una futura síntesis. Otros; en cambio dicen que el kichnerismo es el difunto, y que debe resucitar desde el peronismo. Más allá de pronosticar tragedias, es cierto que el peronismo tiene, por delante, un enorme desafío de desobedecer al mandato terminal del siglo XX; sobre el socialismo, la revolución, el segundo y tercer mundo, los movimientos nacionales etc., etc.

En definitiva, la unidad del peronismo es una posibilidad que no podrá evitar la lucha por la conducción de dicha unión, con el peligro de convertirse en una torre de babel o en una intentona parcial.

En realidad la misma fórmula que se aplica con CFK puede aplicarse al peronismo “con el peronismo no alcanza, sin el peronismo no se puede”. Esta igualdad no los aproxima en el afecto sino que los separa. La ecuación superadora desde el conglomerado no kirchnerista tiene una condición: CFK no debe ser candidata ni conducir. A su vez Cristina toma distancia, siente que ese movimiento no es el suyo, pero deja hacer, calculando que cosechará después. No va a aceptar nunca, ni ella ni sus seguidores, que se cuestione de plano su gobierno o que se la destituya de lo que simbólicamente representa. Su aporte puede ser el no ser candidata, pero ese es su límite. La tensión entre los egos en los escaparates de la feria de vanidades puede terminar con el anhelo unificador y facilitar el continuismo.

El no kichnerismo debe asumir que si avanza en la unificación con la anuencia de CFK ; o más tarde o más temprano, debe asumir una conducta (hasta ahora silenciosa o ambigua) frente a los procesos judiciales que ya están en marcha; la mayoría desde antes que asumiera el actual gobierno. ¿Hay presos políticos o son presos comunes? La diferenciación en masa o caso por caso es un peso enorme para esta unidad frente a la sociedad.

Para desbrozar, en el camino se encuentran algunas perlitas críticas que en cuentagotas CFK desliza sobre sus gobiernos. Todo indica que sería mejor un balance consolidado de los tres períodos (con sus enormes logros y sus gruesos errores), con una envergadura que las redes no pueden dar cuenta.

Hubo un esfuerzo de un grupo de dirigentes en reunirse, la mayoría del área del Gran Buenos Aires con alguna presencia del interior (Agustín Rossi y Alberto Rodríguez Saá), que ha dado un paso adelante en la conversación; aunque un grupo significativo de gobernadores, intendentes y legisladores no respondió a la convocatoria o lo hace con reservas. El valor está en reconocer la necesidad de la conversación, pero también los hace responsables de mantener esta relación y avanzar. Un eventual fracaso, hoy vaticinado por algunos de los que no estuvieron, recaerá sobre los pioneros del emprendimiento. Además de cuestiones de la coyuntura se enfrentan diversos contenidos, más profundos, entre los actores que marcan diferencias: lecturas diferentes sobre la tradición del peronismo, la fuerte experiencia del kichnerismo desde el 2003, el papel del PJ y otros. Hay temas y temáticas que pueden ser más disruptivas que conciliadoras: gran parte de las especulaciones se proyectan sobre el 2019, con candidaturas y roles de preferencia en el frente electoral a constituir. Todo indica que esto, como un enigma, se resolverá en la disputa política y las incertidumbres, que esta unidad estimula.

Es innegable que una crítica global al período del 2007 al 2015, quita base de sustentación a la mayoría del peronismo (no al peronismo cordobés), por eso la crítica, para los críticos, es parcial y no total. Cada palabra entre los participantes del diálogo tiene su densidad y los límites entre lo que ellas demarcan son fronteras rigurosamente vigiladas. Se confirma que la palabra construye, deconstruye o destruye y que la política es todo eso. Un grupo de dirigentes del peronismo ha dado un primer paso y tienen por delante un camino lleno de dificultades y de indiferencias, pero no se trata de conseguir la mejor puerta de salida, sino utilizar la única que hay.

No solamente el sector político es un archipiélago, también lo es el sector sindical como ex columna vertebral del movimiento. A pesar de que ha perdido su rol histórico, sigue siendo un factor de fuerza innegable al momento de construir una alternativa de oposición. Pero el Gobierno y las propias desconfianzas intestinas, logran repartir dicho vector de oposición en varios de menor intensidad.

Para las elecciones del 2019 falta mucho o poco según la situación de cada fuerza política. Para el panperonismo el tiempo que queda es escaso. Va a replicar estas conversaciones de CABA en el interior, buscará homogeneizarse lo más posible y tratará de alcanzar el rango nacional que ha perdido. El Gobierno tratará de fortalecerse, tras varios meses adversos y futuros inciertos, pero tiene la ventaja de estar organizado y de contar con una oferta en todo el país. Hay variaciones en el flujo de las orientaciones electorales, muchos que votaron a Cambiemos en el 2017 se instalan, en las encuestas, entre los indecisos, una mayoría preferiría votar a la oposición, pero la oposición expresada de modo general, sin una identidad definida. Pero a la fecha, la mayoría de la opinión pública no encontró una alternativa cierta al actual gobierno. Cambiemos carga con la desilusión que está provocando, paulatinamente, entre sus votantes; y el peronismo y el kichnerismo cargan, aún, con una opinión cerril por parte de un significativo número de votantes.

La elección presidencial es otra oportunidad para que la oposición ofrezca, no sólo candidatos, sino un modelo definido sobre lo político, lo económico y lo social. La única propuesta no debería ser, solamente, la negatividad del oficialismo, sino construir y ofrecer la positividad de un proyecto.

 

 

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