Frente a la sede del Conicet Litoral, un cartel casero resume el clima de época: “Sin ciencia no hay futuro”. La frase no es nueva, pero esta vez suena más a ruego que a consigna. Investigadores, becarios, técnicos y trabajadores del sistema científico santafesino volvieron a movilizarse, golpeados por una situación que muchos describen como «terminal».
El eje de la protesta fue el recorte salarial que, ajustado a la inflación acumulada, representa una pérdida del 35% del poder adquisitivo. Pero la preocupación va mucho más allá del bolsillo: está en riesgo la continuidad de cientos de proyectos, convenios con universidades y hasta el funcionamiento diario de los institutos.
“Estamos cobrando sueldos de pobreza. Hay doctores con diez años de formación que hoy están por debajo de la línea de indigencia. Esto no es una exageración, es un cálculo con los datos oficiales del INDEC”, expresó en megáfono una investigadora del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral, mientras a su alrededor se levantaban pancartas con las consignas “La ciencia no se vende” y “Sin recursos no hay desarrollo”.
La movilización, que congregó a integrantes del INALI, CCT Santa Fe, INCAPE, IAL, ICIAGRO, entre otros centros de referencia, fue también un grito por visibilidad: “Nos quieren invisibilizar. El plan es desfinanciar, ajustar, y que la ciencia se convierta en un privilegio de unos pocos en lugar de un derecho colectivo”, denunciaron desde la organización.
Entre las principales demandas está el llamado a una recomposición urgente de los salarios, la reactivación del ingreso de nuevos becarios, y el restablecimiento de presupuestos para investigación. También se exige la continuidad de proyectos estratégicos vinculados a salud, alimentación y medioambiente.
“En Santa Fe se hace ciencia de punta. Pero sin recursos, no hay forma de sostener esta capacidad instalada. Lo que se destruye ahora no se recupera de un día para el otro. Se van generaciones enteras”, advierte un técnico del IAL, señalando con preocupación los equipos que quedaron inactivos por falta de mantenimiento.
En los discursos, hubo espacio para la autocrítica del sistema, pero también para señalar con claridad a los responsables políticos. “Lo que está pasando es una decisión. No hay error, hay un modelo de país que prescinde del conocimiento, que se arrodilla ante lo urgente y abandona lo importante”, sintetizó una joven becaria.
El silencio del gobierno nacional frente al reclamo es, para los manifestantes, un mensaje contundente: “No son tiempos difíciles. Son tiempos elegidos. Y nos están diciendo que la ciencia no es una prioridad.”
Sin embargo, entre carteles, mates y abrazos de resistencia, lo que más se repite es una certeza: no están dispuestos a desaparecer sin dar pelea. Porque si algo saben los que investigan en condiciones adversas, es resistir con datos, argumentos y convicción. Y esta vez, también, con la calle como laboratorio de lucha.


