Antes de que aparezca el primer caso, el dengue ya dejó una señal clara en la ciudad. El mosquito que transmite la enfermedad fue detectado en 32 barrios de Santa Fe, un dato que no marca una emergencia sanitaria inmediata, pero sí un cambio de fase: el riesgo dejó de ser hipotético y pasó a ser territorial.
La confirmación surge del relevamiento de la semana epidemiológica 49, a partir del sistema de ovitrampas que monitorea la actividad del Aedes aegypti. En distintos puntos de la ciudad se encontraron huevos, ejemplares adultos o ambas cosas al mismo tiempo. Esa combinación es la que enciende la alerta temprana: no hay circulación viral, pero el vector ya está instalado.
La presencia más extendida se dio en 25 barrios donde se detectaron huevos del mosquito, entre ellos Ceferino Namuncurá, Parque Juan de Garay, Central Guadalupe, Candioti Sur, Barranquita Sur, Los Hornos, Altos del Valle, Liceo Norte, La Guardia, El Pozo, Colastiné Norte y Sargento Cabral. En República del Oeste y General Alvear se hallaron hembras adultas, mientras que en sectores de la zona sur —como Centro, Guadalupe Oeste, Candioti Norte y Coronel Dorrego— se registró actividad completa del vector.
Desde el punto de vista sanitario, la diferencia no es menor. Los huevos indican circulación reciente; la detección de mosquitos adultos sugiere un estadio más avanzado del ciclo. En términos prácticos, eso reduce los márgenes de reacción si se combinan lluvias persistentes y temperaturas altas, un escenario habitual en diciembre y enero.
El monitoreo local se apoya en una red de 60 puntos con ovitrampas distribuidas en distintos barrios. Este año, además, se incorporaron 30 dispositivos adicionales para detectar actividad de mosquitos adultos, a partir de un convenio con el grupo de Clima y Salud del Centro de Estudios de Variabilidad y Cambio Climático de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas de la UNL. El objetivo es anticipar la expansión del vector antes de que el sistema de salud tenga que responder a casos clínicos.
Por ahora, la ciudad no registra contagios confirmados. Esa ausencia, sin embargo, no implica quietud. La Municipalidad intensificó los descacharrados asistidos, la concientización en espacios públicos y escolares y los operativos focalizados en los barrios con mayor porcentaje de trampas positivas. La lógica es preventiva: reducir criaderos ahora para evitar brotes después.
Las recomendaciones oficiales vuelven sobre prácticas conocidas, pero decisivas: eliminar recipientes con agua estancada, limpiar desagües y canaletas, extremar cuidados en bebederos, floreros y tanques, desmalezar patios y facilitar el ingreso del personal municipal debidamente identificado. Frente a síntomas compatibles, la indicación es consultar al sistema de salud y evitar la automedicación.
El dato central no está en los casos que aún no existen, sino en el tiempo disponible. La expansión del mosquito abre una ventana breve en la que la prevención puede marcar la diferencia. Lo que ocurra en las próximas semanas dirá si Santa Fe llega al verano con ventaja o vuelve a reaccionar cuando el problema ya está instalado.


