Una semana después de que el gobierno provincial anunciara con bombos y platillos que “las comisarías de Rosario están vacías de presos”, la realidad se impuso con humo y fuego. Este martes por la tarde, cerca de 40 mujeres detenidas en la seccional 5ª protagonizaron un motín en reclamo por las condiciones de detención. Prendieron fuego colchones. Y expusieron algo más que una celda mal ventilada: una promesa oficial que no se cumplió.
El motín comenzó cerca de las 16.30, en la comisaría ubicada sobre calle Italia al 2100. Las mujeres detenidas exigían su traslado a unidades penitenciarias formales, tal como se había prometido. La protesta derivó en la quema de colchones dentro del área de detención. Bomberos acudieron rápidamente al lugar y lograron contener las llamas. No se reportaron heridos.
El incendio como evidencia de una falla
Más allá del incidente, el episodio reabrió un debate: ¿se vaciaron realmente las comisarías de Rosario de detenidos, como aseguró la administración de Maximiliano Pullaro?
El martes 24 de junio, el gobierno santafesino difundió un comunicado titulado: “Histórico: Provincia vació de presos las comisarías de Rosario”. Según esa versión oficial, 400 personas privadas de la libertad habían sido trasladadas ese mismo día a la Subunidad 4 del Complejo Penitenciario Rosario (CPR), recientemente inaugurada y con capacidad para 320 plazas.
En la misma gacetilla, la provincia indicaba que de los 460 detenidos que hasta ese momento se encontraban en comisarías rosarinas, 60 eran mujeres. Pero una semana después, esas mujeres —al menos una parte significativa de ellas— siguen recluidas en seccionales urbanas sin condiciones penitenciarias adecuadas. Y lo hicieron saber.
Una postal incómoda para una política que buscaba épica
La Subunidad 4 del CPR, con sus pabellones nuevos y su promesa de descomprimir el hacinamiento en comisarías, había sido presentada como uno de los logros más concretos de la política penitenciaria de Pullaro. El ministro de Seguridad, Pablo Cococcioni, incluso había utilizado el anuncio para marcar un punto de inflexión: “Es un cambio estructural en el sistema carcelario santafesino”.
Sin embargo, los hechos narran otra secuencia. Mientras en el papel la Subunidad 4 aparece como receptora de todos los detenidos, en la práctica, al menos parte de la población femenina sigue en comisarías. En condiciones que, como este martes quedó en evidencia, resultan insostenibles.
El problema estructural persiste
El motín de la seccional 5ª no es un hecho aislado. Es el síntoma de una estructura colapsada. Las comisarías, diseñadas para detenciones breves, hace años que alojan presos durante semanas o incluso meses. Sin infraestructura, sin personal especializado, sin espacios adecuados. En ese contexto, cualquier traslado parcial solo es un parche.
La política de vaciamiento de comisarías fue anunciada por sucesivos gobiernos. La diferencia esta vez era el CPR, una obra concreta. Pero la falta de capacidad instalada, la presión judicial y el crecimiento de la población carcelaria parecen haber convertido el “vaciamiento” en una ilusión de 48 horas.
El fuego en Italia al 2100 apagó también el relato de una solución definitiva.


