En 10 segundos:
Qué pasó: Laura Tarabella asumió como rectora de la Universidad Nacional del Litoral para el período 2026-2030.
Qué cambia desde hoy: por primera vez la universidad queda conducida por una rectora y una vicerrectora mujeres.
A quién le pega: a la conducción política y académica de una de las principales universidades públicas del centro del país.
Qué mirar ahora: cómo se traducen sus ejes de autonomía universitaria, participación y financiamiento en la gestión concreta.
Santa Fe, 7 de marzo de 2026.
El Paraninfo de la Universidad Nacional del Litoral volvió a ser escenario de una escena que combinó tradición institucional y cambio simbólico. A las 11:51 de la mañana del viernes, Laura Tarabella firmó su acta de asunción como rectora de la UNL y se convirtió en la primera mujer en ocupar ese cargo desde la fundación de la casa de estudios hace más de un siglo.
La escena tuvo un peso particular. Junto a ella asumió Liliana Dillon como vicerrectora, lo que dejó a la universidad con una conducción íntegramente femenina por primera vez en su historia. Durante algunos minutos, las tres figuras centrales sobre el estrado —Tarabella, Dillon y la vicerrectora saliente Larisa Carrera— sintetizaron ese cambio institucional frente a un auditorio completo.
El rector saliente, Enrique Mammarella, abrió el acto con un discurso atravesado por la emoción. Tras ocho años de gestión recordó que su rectorado estuvo marcado por momentos difíciles: la pandemia de coronavirus, las restricciones presupuestarias y una sucesión de crisis económicas que impactaron de lleno en el sistema universitario.
Definió ese período con una palabra: incertidumbre.
Mammarella insistió en que la defensa de la educación pública se volvió un eje permanente durante su mandato. En ese marco agradeció a su equipo de gestión, a los rectores de otras universidades y a legisladores que acompañaron la discusión presupuestaria en los últimos años.
Al cerrar su intervención definió la asunción de Tarabella como uno de los momentos más significativos en la vida institucional de la universidad.
Después llegó el turno de la nueva rectora.
Tarabella eligió iniciar su discurso con una idea de continuidad institucional. Pero rápidamente introdujo un elemento que marcaría el tono de su intervención: el significado político de que dos mujeres asuman la conducción universitaria.
Señaló que la universidad “se permite romper con estereotipos culturales” al colocar a dos rectoras en la conducción de la institución.
No fue un comentario menor. En América Latina, el número de rectoras en universidades públicas sigue siendo sensiblemente inferior al de rectores hombres, incluso en instituciones con fuerte presencia femenina entre estudiantes y docentes.
Ese punto fue retomado varias veces durante su discurso.
Tarabella se definió como una mujer formada en las ciencias sociales que llegó a la conducción universitaria gracias a la educación pública. Y utilizó esa trayectoria personal para enmarcar una defensa más amplia del sistema universitario argentino.
El contexto político también apareció en su intervención.
La rectora recordó que marzo es un mes cargado de conmemoraciones para la vida democrática argentina. Mencionó el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia y el Día Internacional de la Mujer como hitos que obligan a repensar el presente institucional del país.
En ese marco evocó el próximo aniversario del golpe de Estado de 1976 y subrayó la necesidad de sostener el compromiso con los derechos humanos y el “Nunca Más”.
Pero su discurso no se limitó al plano local.
Tarabella mencionó conflictos internacionales como la guerra en Ucrania y la situación política en Venezuela para advertir sobre el clima de tensión que atraviesa el mundo. Frente a ese escenario planteó la necesidad de fortalecer la cultura del diálogo.
Para la nueva rectora, las universidades tienen un papel central en esa tarea.
Definió a la democracia y a la igualdad como pilares de la convivencia social y sostuvo que las instituciones académicas deben promover espacios de escucha y debate, incluso en contextos de polarización política.
Ese enfoque se conectó con los lineamientos que presentó para su gestión.
Tarabella anunció que el rectorado estará guiado por un lema: “autonomía para decidir y participación para proyectar”.
La fórmula sintetiza dos ideas que atraviesan la historia de las universidades públicas argentinas: la autonomía institucional frente al poder político y la participación de la comunidad universitaria en las decisiones académicas.
En términos concretos, la rectora mencionó varios desafíos para los próximos años.
Uno de ellos será mejorar las propuestas académicas y las prácticas de enseñanza, un tema que atraviesa a muchas universidades del país en un contexto de transformación tecnológica y expansión de la educación digital.
Otro eje será fortalecer las tasas de permanencia y graduación de los estudiantes, un indicador clave para evaluar el impacto real del sistema universitario.
Tarabella también planteó la necesidad de ampliar la oferta educativa y consolidar la investigación orientada, es decir, aquella que se vincula con problemas concretos de la sociedad y la producción.
En ese punto hizo referencia a la importancia de la comunicación estratégica para acercar el conocimiento universitario a la comunidad.
El financiamiento apareció como otro punto sensible.
La rectora anticipó que la universidad continuará reclamando garantías para el sostenimiento presupuestario del sistema universitario público, un tema que en los últimos años generó tensiones entre el gobierno nacional y las casas de estudio.
Hacia el final del acto, Tarabella eligió cerrar con un mensaje dirigido a la comunidad universitaria.
Agradeció a docentes, trabajadores no docentes, estudiantes y graduados por sostener la vida cotidiana de la universidad. Y dedicó un reconocimiento especial a Mammarella y Carrera, a quienes señaló como parte de una continuidad institucional que seguirá presente en la UNL.
Su última frase retomó la idea que había atravesado todo su discurso.
Apostar a la educación pública —dijo— sigue siendo una de las herramientas más potentes para transformar la sociedad.
El aplauso final fue largo. El Paraninfo se puso de pie mientras sonaba el himno de la Universidad Nacional del Litoral.
La escena cerró una etapa y abrió otra.
Y dejó una imagen que probablemente se recordará durante años en la historia de la institución: la universidad más antigua del litoral argentino iniciando una nueva etapa bajo la conducción de dos mujeres.


