En el oeste de Rafaela, el deporte vuelve a funcionar como herramienta de acompañamiento social. Durante el verano, el Centro de Día Oeste (CeDI) lleva adelante una propuesta de fútbol mixto destinada a adolescentes de entre 14 y 18 años, de la que participan 30 jóvenes del barrio y zonas cercanas.
La iniciativa se inscribe dentro de las actividades estivales que impulsa el CeDI, con el objetivo de sostener espacios de encuentro durante el receso escolar y fortalecer dinámicas de integración en una etapa clave del desarrollo juvenil. El fútbol aparece aquí menos como competencia y más como dispositivo de vínculo, cuidado y permanencia.
El grupo atraviesa actualmente una etapa de pretemporada, orientada al acondicionamiento físico y a la consolidación del trabajo colectivo. Las prácticas priorizan la construcción de relaciones basadas en el respeto, la cooperación y la participación mixta, incorporando valores que exceden lo deportivo y se proyectan en la vida cotidiana.
Desde el dispositivo se adapta la dinámica de las actividades a las condiciones propias del verano, cuidando los tiempos, la intensidad y el bienestar de quienes participan. El foco está puesto en generar un entorno sostenido, previsible y atractivo, donde el deporte se combine con acompañamiento adulto y reglas claras de convivencia.
La propuesta forma parte de una oferta más amplia que el Centro de Día Oeste desarrolla a lo largo del año, y que durante el período estival adquiere un peso particular. En un contexto donde el tiempo libre puede transformarse en un factor de riesgo, la continuidad de estos espacios cumple un rol preventivo y social relevante.
El trabajo territorial del CeDI se articula con las políticas locales de inclusión y juventud impulsadas por la Municipalidad de Rafaela, que sostienen dispositivos de cercanía como forma de intervención cotidiana. Lejos de acciones aisladas, se trata de una presencia constante que busca ofrecer alternativas reales en el barrio.
En ese marco, el fútbol mixto funciona como una excusa potente: convoca, ordena rutinas y habilita aprendizajes colectivos. La experiencia muestra que, cuando el Estado mantiene estos espacios abiertos y activos durante todo el año, el impacto no se mide solo en asistencia, sino en vínculos que se sostienen más allá de la temporada.


