Rosario bajo fuego: una mujer apuñalada, un joven herido y una vivienda baleada en una noche marcada por la violencia

La noche del viernes volvió a poner en evidencia la tensión que atraviesan los barrios populares de Rosario. En tres episodios distintos, una mujer de 33 años fue apuñalada, un joven resultó herido con arma blanca y una casa recibió al menos diez disparos, en lo que parecen ser hechos sin conexión directa entre sí, pero con un denominador común: la violencia como paisaje habitual.

El caso más grave ocurrió en barrio Tablada, al sur de la ciudad. Cerca de las 23 horas, Marianela S. pidió auxilio tras recibir dos puntazos en el abdomen, presuntamente por parte de un hombre con quien tenía vínculo previo. La agresión ocurrió en un pasillo cercano a Biedma al 100 bis. La víctima fue trasladada al Hospital Roque Sáenz Peña y luego al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca), donde permanece internada.

Fuentes del caso señalaron que la mujer tiene vínculos familiares con la familia Selerpe, históricamente ligada al narcomenudeo en esa zona. Aunque la Fiscalía de Flagrancia ya interviene, el móvil de la agresión aún no fue esclarecido, y no se descarta ninguna hipótesis, incluidos conflictos personales o conexiones con economías criminales.

En paralelo, un joven de 26 años ingresó al Heca con una herida de arma blanca en el tórax. Según los reportes, fue atacado en Villa Banana, barrio del oeste rosarino, más precisamente en Lima al 2800, mientras se encontraba en la vía pública. Su estado motivó la internación inmediata.

Poco después, la violencia se trasladó al barrio San Martín A, donde una vivienda ubicada en Flammarion al 5800, frente a las vías del ferrocarril Mitre, fue atacada a balazos por un hombre que llegó en moto. Testigos aseguraron que descendió, disparó varias veces contra la puerta y uno de los proyectiles rozó la pierna de un joven de 25 años que estaba en el lugar. La mecánica del hecho remite a los llamados “ataques de advertencia” que han sido frecuentes en la región.

Rosario —ciudad marcada por las consecuencias del narcotráfico, la precarización urbana y la fragmentación institucional— vive una de las crisis de seguridad más prolongadas del país. Si bien las autoridades locales y nacionales han implementado operativos especiales en momentos críticos, la violencia persiste en forma de goteo constante, sin tregua ni frontera.

En este contexto, cada noche puede transformarse en una postal de riesgo. Y cada víctima —anónima para las estadísticas— suma un nuevo capítulo a una crisis que ya dejó de ser coyuntural para instalarse como estructural.

 

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