En 10 segundos:
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Qué pasó: el Municipio de Santo Tomé recuperó el predio del ex Cotreco y creó el CAST.
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Qué cambia desde hoy: la ciudad gestiona localmente residuos recuperables y restos de poda.
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A quién le pega: vecinos, escuelas, privados y el sistema urbano de higiene.
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Qué mirar ahora: pruebas piloto de separación en origen y recolección diferenciada.
Santo Tomé, 8 de febrero de 2026.
La recuperación del predio del ex Cotreco y su transformación en el Complejo Ambiental de Santo Tomé marca un punto de inflexión en la política ambiental local. No se trata solo de una obra o de una reubicación operativa: es una decisión de fondo que redefine cómo la ciudad piensa, gestiona y proyecta sus residuos. Con la puesta en marcha del CAST, el municipio asumió el control directo de procesos que durante años estuvieron tercerizados o fragmentados, y lo hizo con una lógica de etapas, medición y aprendizaje progresivo.
En su primera fase, el complejo comenzó a trabajar con residuos recuperables provenientes de las jornadas de Ecocanje, de los diez Puntos Limpios instalados en escuelas y de los dispositivos impulsados por privados en el DUE 23. Ese recorte no es casual. Apunta a consolidar circuitos donde ya existe algún grado de conciencia ambiental y trazabilidad, antes de avanzar sobre el conjunto del entramado urbano. La prioridad inicial es ordenar, clasificar y procesar materiales que hoy pueden reincorporarse al sistema productivo sin improvisaciones.
El otro componente clave de esta etapa es el tratamiento de restos de poda. La ciudad genera un volumen significativo de residuos verdes que, sin infraestructura específica, suelen terminar como pasivo ambiental o carga logística. Centralizar su gestión en un espacio propio permite reducir traslados, optimizar tiempos y abrir la puerta a reutilizaciones futuras, alineadas con criterios de economía circular que empiezan a incorporarse de manera explícita en la planificación municipal.
La segunda etapa del CAST introduce el desafío más complejo: la separación en origen y la recolección diferenciada. El municipio prevé implementar pruebas piloto en distintos sectores de la ciudad, con esquemas progresivos y evaluación constante del nivel de cumplimiento. No hay anuncios grandilocuentes ni plazos cerrados. La estrategia parte de un diagnóstico conocido por quienes trabajan el tema: sin hábitos sociales consolidados y sin logística adecuada, los sistemas de separación fracasan. Por eso el énfasis está puesto en ensayar, medir y corregir antes de escalar.
Ese enfoque gradual es, en sí mismo, una definición política. Avanzar hacia un sistema GIRSU implica cambiar rutinas cotidianas, rediseñar recorridos, capacitar personal y sostener campañas de información consistentes en el tiempo. El CAST funciona como plataforma para ese proceso. No promete resultados inmediatos, pero establece una base operativa que antes no existía y que habilita decisiones futuras con mayor margen de control.
La recuperación del predio del ex Cotreco también tiene una lectura institucional. Donde hubo un espacio asociado a conflictos, reclamos y externalización de responsabilidades, hoy hay una infraestructura municipal con objetivos claros. Esa resignificación del lugar expresa una voluntad de hacerse cargo, de asumir costos de gestión y de ordenar un área sensible de la agenda urbana sin trasladarla fuera del radar público.
En términos ambientales, el impacto no se limita al reciclaje. La gestión local de residuos reduce la huella de transporte, mejora la trazabilidad de los materiales y permite articular políticas educativas con acciones concretas. Los Puntos Limpios en escuelas, por ejemplo, dejan de ser gestos aislados para integrarse a un circuito real de tratamiento. Esa coherencia entre mensaje y práctica es uno de los factores que suele definir la sostenibilidad de este tipo de políticas.
El CAST no es un sistema cerrado ni definitivo. Es una herramienta en construcción, pensada para crecer a medida que la ciudad incorpore capacidades y hábitos. El objetivo final, explicitado por el municipio, es alcanzar un esquema de separación en origen y recolección diferenciada en toda la ciudad. La diferencia respecto de experiencias fallidas en otros puntos del país está en el método: empezar por lo posible, sostener lo que funciona y escalar solo cuando hay evidencia de cumplimiento.
En un contexto donde la gestión de residuos suele aparecer en la agenda solo ante crisis o saturaciones, Santo Tomé decidió anticiparse. La creación del CAST no resuelve por sí sola todos los problemas ambientales de la ciudad, pero fija un rumbo y establece condiciones materiales para avanzar. A partir de ahora, el desafío será sostener el proceso, ampliar la participación social y convertir esta infraestructura en una política pública estable, capaz de atravesar gestiones y consolidarse como parte del funcionamiento cotidiano de la ciudad.


