En 10 segundos:
• Qué pasó: La policía interceptó a una pareja tras una persecución y secuestró 12 kilos de cocaína.
• Qué cambia desde hoy: El caso queda bajo órbita federal por tráfico de estupefacientes.
• A quién le pega: A la seguridad urbana y a los corredores de circulación más transitados.
• Qué mirar ahora: El origen y destino del cargamento y posibles conexiones locales.
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La persecución comenzó como un control de rutina y terminó revelando una escena que condensa varios rasgos del narcotráfico urbano actual: movilidad constante, ocultamiento sofisticado y circulación por avenidas centrales a plena luz del día. Este viernes al mediodía, una huida que atravesó distintos puntos de la ciudad de Santa Fe concluyó con la detención de un hombre y una mujer y el secuestro de 12 kilos de cocaína escondidos dentro de dos secarropas.
El episodio se inició en el macrocentro, en la intersección de San Luis y Crespo, cuando personal del Comando Radioeléctrico detectó maniobras evasivas de un Renault Logan durante un control vehicular. Ante la señal de detención, el conductor aceleró y dio inicio a una persecución a alta velocidad por calles céntricas y arterias principales, un escenario que elevó el riesgo tanto para los efectivos como para terceros.
La huida se extendió hacia el norte de la ciudad y tuvo uno de sus momentos clave sobre la Avenida de la Constitución, donde los ocupantes del vehículo arrojaron a la calzada un bulto de gran tamaño antes de continuar el escape. El descarte en plena avenida no fue un gesto improvisado: buscó desprenderse de la carga más comprometida sin detener la marcha, una práctica habitual en traslados ilegales cuando el cerco policial se cierra.
Minutos después, un operativo cerrojo permitió localizar el automóvil en la esquina de Lavaisse y Roque Sáenz Peña, en barrio Ciudadela Norte. Allí intervinieron efectivos de la Policía de Acción Táctica, que concretaron la detención de la pareja y aseguraron la zona para las primeras diligencias.
El regreso al punto donde había sido arrojado el paquete aportó el dato más llamativo del procedimiento. Dentro del envoltorio se hallaron dos secarropas, uno blanco y otro negro. Al inspeccionar los tambores de los electrodomésticos, los uniformados encontraron varios “ladrillos” compactos de estupefacientes. Las pruebas de campo confirmaron luego que se trataba de cocaína, con un peso total de 12 kilogramos.
El método de ocultamiento no es menor. El uso de electrodomésticos como contenedores apunta a dificultar controles visuales rápidos y sugiere una logística pensada para el traslado en ámbitos urbanos, donde el camuflaje cotidiano reduce sospechas iniciales. La escena refuerza la idea de que el narcotráfico no opera únicamente en zonas periféricas o rutas, sino que atraviesa el tejido urbano con naturalidad.
Por la magnitud del hallazgo, se dio intervención inmediata a la Policía Federal Argentina y a la Justicia Federal. Los fiscales intervinientes ordenaron el secuestro del vehículo utilizado en la huida, los teléfonos celulares de los detenidos y la custodia del cargamento incautado, que quedó a disposición del juzgado competente.
El operativo desplegado sobre la Avenida de la Constitución generó demoras en el tránsito y una fuerte presencia policial durante varias horas, mientras se realizaban el pesaje oficial, el etiquetado del material y las actuaciones correspondientes. La escena, visible para automovilistas y vecinos, volvió a poner en primer plano la convivencia entre la vida cotidiana de la ciudad y las dinámicas del delito organizado.
Ahora, la investigación se concentra en determinar el origen y el destino final de la droga. El volumen incautado y el modo de transporte abren dos hipótesis centrales: un traslado interurbano con paso por Santa Fe o una logística de distribución con anclaje local. Ambas líneas implican niveles de organización que exceden a los dos detenidos.
Más allá del impacto inmediato del procedimiento, el caso deja una señal clara. La persecución no fue solo un hecho policial espectacular, sino una postal de cómo el narcotráfico se mueve, se disfraza y circula en escenarios urbanos complejos. Entender esa dinámica será clave para anticipar los próximos movimientos y evitar que estas rutas sigan atravesando la ciudad como si fueran parte del tránsito diario.


