Trasladarse para curarse: el rol silencioso del municipio de San Lorenzo en el acceso a la salud

En 10 segundos:
Qué pasó: el municipio realizó 2.711 traslados sanitarios gratuitos durante 2025.
Qué cambia desde hoy: el sistema consolida un esquema estable de derivaciones locales y regionales.
A quién le pega: vecinos que requieren tratamientos periódicos o atención fuera de la ciudad.
Qué mirar ahora: la sostenibilidad del servicio frente a la demanda creciente.

San Lorenzo, 21 de enero de 2026.

En el mapa de las políticas públicas locales hay acciones que no se anuncian con grandes actos ni generan titulares ruidosos, pero que sostienen la vida cotidiana de miles de personas. El sistema de traslados sanitarios de la Municipalidad de San Lorenzo es una de ellas. Durante 2025, la Secretaría de Salud y Preservación del Medio Ambiente concretó 2.711 derivaciones gratuitas a efectores de salud, un número que revela una demanda persistente y, al mismo tiempo, una decisión política sostenida.

El dato no se agota en la cifra. Cada traslado representa una historia concreta: pacientes que necesitan continuar tratamientos oncológicos, personas en diálisis, vecinos que requieren interconsultas con especialistas que no están disponibles en la ciudad. En muchos casos, el destino no es un hospital cercano, sino centros de mayor complejidad ubicados fuera de la jurisdicción local, como el Hospital Eva Perón o sanatorios de Rosario.

La logística de estos traslados suele quedar fuera del debate público. Sin embargo, es allí donde se manifiesta una de las barreras más duras de acceso a la salud: el costo y la organización del viaje. Para una parte significativa de la población, trasladarse de manera periódica implica gastos imposibles de asumir o una dependencia total de redes informales. Cuando esa variable no se resuelve, el tratamiento se posterga, se interrumpe o directamente se abandona.

El sistema implementado por el municipio busca intervenir en ese punto crítico. No reemplaza al sistema sanitario provincial ni a las obras sociales, pero cubre un eslabón clave: el traslado como condición previa para que el derecho a la salud sea efectivo. La política es simple en su diseño y compleja en su impacto. Garantizar movilidad es garantizar continuidad.

Desde la Secretaría de Salud explican que los traslados se realizan tanto a nosocomios locales como extrajurisdiccionales, según las necesidades médicas de cada paciente. La gestión de los turnos y solicitudes se canaliza de manera directa, a través de un número de WhatsApp habilitado específicamente para este servicio, lo que reduce intermediaciones y acelera respuestas.

El secretario del área, Eduardo Ros, definió la prestación como parte de una política pública sostenida. La expresión no es menor. En un contexto de presión presupuestaria y aumento de la demanda social, sostener un servicio de estas características implica priorizar recursos y asumir costos que no siempre son visibles. Combustible, mantenimiento de unidades, personal, coordinación: detrás de cada traslado hay una estructura que funciona todos los días.

El impacto territorial del programa se vuelve más evidente cuando se observa la dinámica sanitaria regional. San Lorenzo forma parte de un corredor urbano donde la atención de alta complejidad se concentra en ciudades vecinas. Esa centralización obliga a los municipios a pensar soluciones propias para evitar que la distancia se convierta en exclusión. En ese marco, el sistema de traslados opera como un puente entre la necesidad médica y la posibilidad real de atenderla.

También hay una dimensión social menos cuantificable, pero igual de relevante. Para muchas familias, saber que el traslado está garantizado reduce la incertidumbre y el estrés asociados a tratamientos prolongados. La previsibilidad —saber que se llegará al hospital, que no habrá que elegir entre pagar un viaje o comprar medicamentos— forma parte del cuidado integral.

El número de traslados realizados durante 2025 permite inferir otra cuestión: la demanda no es esporádica. Se trata de un flujo constante de pacientes que requieren atención fuera de su ciudad. Esa persistencia plantea desafíos a futuro. ¿Cómo sostener el servicio si la demanda crece? ¿Qué articulación es posible con otros niveles del Estado para reforzar la red? ¿Qué indicadores permiten evaluar su impacto más allá de la cantidad de viajes?

Por ahora, la política se mantiene activa y accesible. Los vecinos que necesitan el servicio pueden solicitarlo de manera directa, sin trámites complejos ni derivaciones innecesarias. Esa cercanía operativa es, en sí misma, una definición de gestión: reducir fricciones en un momento donde la urgencia sanitaria no admite demoras administrativas.

En tiempos donde muchas discusiones públicas se concentran en grandes reformas o debates estructurales, el sistema de traslados sanitarios de San Lorenzo muestra otra cara de la acción estatal. Una que no promete soluciones totales, pero resuelve un problema concreto y repetido. Asegurar que alguien llegue a tiempo a su tratamiento no cambia el sistema de salud en su conjunto, pero cambia de manera decisiva la vida de quien depende de ese viaje.

 

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