Estrenaron “Sangre de Carnaval” en Humboldt

La obra de María Rosa Pfeiffer, se presentó en la Sala Tiro Federal, y está inspirada en un hecho real sucedido a fines de la década del 60 y comienzos del 70, en la localidad. “Los personajes que narran la historia se instalan en dos ámbitos: el “mundo real” y por otro, el “mundo onírico o fantasmático”.

Rescatar las pequeñas historias de los pueblos del interior y transformarlas en hecho vivo, nos permite recordar, reflexionar y por qué no a veces hasta redimir.

“Sangre de carnaval” es una obra dramática de la autora María Rosa Pfeiffer, inspirada en un hecho real sucedido a fines de la década del 60 y comienzos del 70, en la localidad de Humboldt.

Pfeiffer sostuvo que los personajes que narran la historia se instalan en dos ámbitos: por un lado los que pertenecen al “mundo real” y por otro, los que corresponden al “mundo onírico o fantasmático”.

La obra comienza con una cita de “Los disfrazados”, el sainete de Carlos Mauricio Pacheco, en boca de las Mascaritas, que a modo de coro griego bufonesco, abren el relato e irán acompañando, anticipando e hilvanando las escenas para contar la vida de Nené, una jovencita del pueblo, que sufre el abandono de sus padres y se enamora de un “disfrazado”.

El espíritu de carnaval atraviesa toda la obra. De hecho el tiempo se vuelve circular, y a pesar de que transcurren distintos momentos, se tiene la sensación de que “siempre es carnaval”.

Del mismo modo en que la tragedia invade en el sainete inspirador, aquí también, se hace presente truncando la vida de la protagonista. Pero, desde la dramaturgia, la autora propone un doble final, un final que intenta hacer justicia poética y vuelve el tiempo atrás, modificando el futuro.

La puesta se organiza a través de un planteo espacial abierto, que ocupa toda la sala.

En un extremo: el escenario del club. En el otro: la casa donde vive Nené. Y uniendo esos dos espacios: la pista de baile del club.

Las Mascaritas irrumpen en pasos de comparsa y se desplazan entre el público, interpelándolo. Lo invitan a dejarse llevar por el relato, estableciendo claramente la convención: “Este es el escenario del club, de un pequeño pueblo del interior. Y su pista de baile”. “Esta es la casa donde vive Nené”. “Ésta es Nené a los once años”.

“Ésta es Nené a punto de cumplir quince”. “Todo transcurre aquí: lo real y lo imaginado. El pasado y el futuro. Lo que fue y lo que no fue”. Y durante el transcurso de la historia serán quienes vayan hilvanado las escenas, que no se suceden cronológicamente, sino como un rompecabezas que va uniendo sus piezas hasta el final.

Esperando la carroza

Una carroza servirá para transportar a algunos personajes en las escenas que hacen referencia directa al carnaval, así como será utilizada simbólicamente para transportar los “recuerdos” de la madre y de Nené niña.

El escenario y la pista de baile están atravesados por guirnaldas de luces de colores,  banderines y serpentinas. La casa de Nené, austera, oscura, apenas iluminada por un par de lamparillas, que le dan un aspecto mortecino y desolado, es el contrapunto del despliegue carnavalesco.

El vestuario y los maquillajes intentan seguir con verosimilitud las características de los personajes de la época en los personajes de Nené, Nené niña, Leontina, la abuela,

Nino y Eduardo. Mientras que en las Mascaritas y la madre cobran una dimensión más expresionista, por momentos fantasmagórica y siniestra.

Desde lo sonoro, los acordes percusivos y una selección de temas musicales de la época acompañan la historia.

Los hacedores

Estos son quienes integran el equipo de “Sangre de Carnaval”. Mascaritas: Roberto Weidmann, Marisa Infantino, Ricardo Merke, Emiliano Bonfanti.

Nené: Guillermina Volken; Nené niña: Antonela Sánchez; Eduardo (el Hechicero): Gerardo Meyer; Nino: Mauro Bartizagui; Madre: Marcela Girolimetto;

Abuela: Fabiana Beccaría; Leontina: Corina Matiller.

Coreografías: Fabiana Godano; vestuario: Osvaldo Pettinari; Iluminación: Rubén Fladung; Utilería y pequeños detalles: Antonela Sánchez; Peinados: Alicia Hilgert; Espacio escénico: Gerardo Meyer, Roberto Weidmann, María Rosa Pfeiffer; diseño gráfico: Emiliano Bonfanti; fotografía: Manuel Dutruel.

 

 

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