Fatiga informativa: cuando la noticia se vuelve ruido

En toda la provincia de Santa Fe, el vecino ya no distingue con claridad qué es noticia y qué es ruido. No se trata de desinterés ni de apatía cívica. Es saturación. Un flujo constante de títulos, alertas, videos y recortes compite sin jerarquía y termina produciendo el efecto inverso al buscado: menos lectura, menos atención, menos confianza.

La fatiga informativa se instaló de manera silenciosa y transversal. Atraviesa grandes ciudades y localidades medianas, medios tradicionales y plataformas digitales, audiencias jóvenes y adultas. No estalla en conflicto abierto, pero erosiona algo central: la capacidad de la sociedad de reconocer qué información merece tiempo y credibilidad.

Durante años, el ecosistema informativo provincial apostó a la acumulación. Más publicaciones por día, más urgencias superpuestas, más “último momento” sin escala real de importancia. La promesa era simple: estar siempre presentes. Hoy ese esquema muestra su límite. Cuando todo parece relevante, nada logra serlo de verdad.

El consumo no desapareció de golpe. Se degradó. El vecino hojea titulares, abandona notas a mitad de lectura, duda antes de creer, sospecha del tono y del énfasis. La desconfianza no nace de un error puntual, sino de la repetición de contenidos intercambiables, que informan poco y explican menos.

En Santa Fe, este fenómeno tiene un impacto particular porque la agenda provincial queda atrapada entre la réplica nacional y la fragmentación local. La consecuencia es una conversación pública debilitada. Los temas no se sostienen, las prioridades se diluyen y cada sector termina habitando su propio recorte informativo sin puntos de contacto con el resto.

La fatiga informativa también tiene efectos políticos concretos. Una sociedad saturada reacciona menos. No porque esté conforme, sino porque está agotada. Anuncios, decisiones y debates pasan sin dejar huella simbólica. El ruido empareja todo: lo importante y lo accesorio, lo estructural y lo anecdótico.

Hay un dato incómodo para los medios: la abundancia no educó al lector, lo cansó. La idea de “estar informado” se volvió inalcanzable. Frente a eso, muchos optan por desconectarse parcialmente, delegar la información en terceros o directamente ignorar la agenda pública cotidiana.

El desafío no es técnico ni algorítmico. Es editorial. Recuperar jerarquía implica decidir qué no publicar, qué bajar de volumen y qué merece contexto. Informar menos puede significar informar mejor. Explicar vale más que multiplicar.

Lo que sigue no es un apagón informativo, sino una reconfiguración. En una provincia extensa y diversa, volver a merecer la atención es la condición básica para que la noticia deje de ser ruido y recupere sentido público.

 

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