En San Carlos Centro, los nacimientos no solo se anuncian con llanto y abrazos. También se celebran con raíces. Desde hace 30 años, la ciudad sostiene una tradición que combina ternura, sostenibilidad y memoria colectiva: por cada niño, un árbol.
“Un Árbol por la Vida” no es apenas un evento. Es una ceremonia laica del porvenir, donde los recién nacidos —y también aquellos que, por distintas razones, no llegaron a tiempo en años anteriores— reciben, junto a sus familias, el gesto más simple y profundo: la entrega de un ejemplar para plantar en tierra local.
La inscripción ya está abierta en la sede de la administración municipal. Y el próximo encuentro, previsto para fines del invierno, reunirá a familias de bebés nacidos en 2024 y también a quienes aún no cuentan con su árbol asignado. El objetivo: que nadie quede fuera de este ritual que crece junto a sus protagonistas.
El proyecto nació hace tres décadas, en un contexto donde hablar de medio ambiente todavía era marginal. Hoy, convertido en política pública y marca identitaria, expresa el compromiso de una comunidad con el cuidado de los bienes comunes y con la creación de vínculos duraderos entre personas, espacios y naturaleza.
“Plantar un árbol por cada nacimiento es más que un símbolo: es una forma de proyectar esperanza con raíces reales”, afirman desde el gobierno local. Y el bosque, con el tiempo, se convierte en archivo vivo de esas biografías infantiles.
En San Carlos Centro, el crecimiento se celebra hacia abajo y hacia arriba. Con nombres recién dados y árboles recién nacidos. Un doble legado que brota a la vista.


