Otros modos de hacer: la experiencia de adolescentes emprendedores

Son egresados de la Escuela Arino de Funes y en plena pandemia se animaron a desarrollar productos y servicios.

“Los jóvenes están necesitando que los miremos desde otro lugar, no para marcarle todas las faltas sino para que puedan contar las cosas que son capaces de hacer. Este es un buen mensaje que podemos darles como adultos”, destaca la psicopedagoga Adriana Favro, en referencia a los emprendimientos que desarrollaron durante el año pasado chicas y chicos de quinto año de la Escuela Raúl Arino. En plena pandemia se lanzaron a buscar otros modos de hacer y pensar su futuro. “No se quedaron paralizados por estar en la casa y esta experiencia de ofrecer un servicio o crear un producto se convirtió en una lección para la vida”, expresa la profesional.

Muchos de los emprendimientos que estos jóvenes llevaron adelante durante el proceso de aislamiento coinciden con el desarrollo de un proyecto individual académico que plantea la escuela en el último año de la secundaria, establecido dentro del programa de introducción a la vida universitaria y al mundo del trabajo.

Desde mediados de febrero, alumnos y alumnas de la promoción 2020 se reencontraron en la escuela. Como ya finalizaron el ciclo académico —excepto quienes tienen pendiente el proceso de acreditación de alguna materia— este espacio les brinda la posibilidad de socializar y despedirse de la escuela y sus compañeros. Aunque tienen la mirada puesta en la universidad, son conscientes de lo que vivieron, y valoran aquellas cosas positivas que les dejó la pandemia como el tiempo que tuvieron para conocerse, indagar en sus intereses y desarrollar nuevos proyectos.

Así lo manifiestan Carmela, Micaela, Matías, Julia y Magalí, quienes a través de sus microemprendimientos encontraron otros modos de hacer. Pensaron en cocinar, confeccionar ropa, organizar batallas de rap y hacer delivery. Sentados en el parque de la escuela ubicada en Funes dentro del Campus de la Universidad del Gran Rosario (UGR), conversan con La Capital sobre sus proyectos, qué los motiva en algunos casos a continuarlos y cómo piensan su futuro.

Aprender moldería
Carmela Morales y Micaela Miles confeccionan buzos y remerones, y los ofrecen desde su cuenta de Instagram @loosehoodies, cuya traducción significa buzos holgados. Son amigas y vecinas del barrio, y cuentan cómo se animaron a este emprendimiento, que surgió de los encuentros que tenían cuando solo estaba permitido caminar 500 metros. “Para no sentirnos tan solas salíamos para hacer ejercicio pero ese vacío de no tener ninguna otra actividad que no fuera el colegio nos llevó a pensar en esta posibilidad. También para tener un poco de independencia económica y ayudar a nuestras familias”, dicen.

Las chicas admiten que hasta ese momento no sabían nada de costura. “Empezamos a informarnos, conseguir los contactos y las telas, aprendimos de moldería y luego de varios meses de trabajo, hicimos los dos primeros buzos, y los vendimos enseguida”, cuentan orgullosas de sus logros.

Carmela se ocupa de las redes sociales, la fotografía y el marketing del emprendimiento, y Micaela prefiere cortar telas y dibujar moldes. “Queríamos hacer algo de calidad, lindo y que no sea caro, y parece que lo logramos”, señalan.

“Con esta actividad encontramos algo que hacer y que además nos motiva. La pandemia nos dejó un aprendizaje porque de pronto nos sentimos solas y aunque teníamos el apoyo del colegio, no es lo mismo que venir todos los días”, cuenta Micaela. “Tratamos de no amargarnos por lo vivido, sabiendo que nos estaba pasando a todos y en la espera que en algún momento se solucionara, porque hay temas mucho más importantes que un viaje de egresados o una fiesta de graduación”, agrega Carmela. Las jóvenes están decididas a continuar su emprendimiento mientras cursan el primer año. Carmela en la carrera de diseño de interiores y Micaela, en administración de empresas.

Batalla de rap
A Matías del Valle Rossi su pasión por el rap lo llevó a crear una liga de freestyle, un proyecto que desarrolló con un amigo también durante el aislamiento y que cuenta con el apoyo de la Municipalidad de Funes. Este evento de rap se desarrolla a lo largo de nueve jornadas durante el año donde compiten diferentes raperos de la ciudad y otras localidades. Los encuentros se llevan a cabo en el Paseo de la Estación de la localidad de Funes y a principios de marzo se disputará la tercera edición. @interiorfreestyleleague es el nombre con el que promocionan la actividad en Instagram, Facebook y en el canal de YouTube.

“De ser una competencia en una plaza pasó a ser una liga en escenario”, explica el joven que además de organizar el evento también compite. Entre las cosas buenas que le sucedieron durante el 2020, valora el crecimiento y las enseñanzas que dejaron en su camino: “Este proyecto me ayudó mucho en lo personal y en mi forma de ser porque era bastante cerrado. También nos pasaron muchas cosas que nos hicieron estar mal porque casi todos tenemos algún conocido o familiar que perdimos durante la pandemia pero lo positivo es la forma que tiene cada uno de salir adelante”, admite el estudiante que se integró a la escuela en el último año de la secundaria.

Matías practica este estilo musical desde hace dos años, cuenta que rapea aproximadamente tres horas al día y que comparte esta pasión con su hermano. “Aunque haga otras actividades, en mi mente siempre estoy rapeando”, dice, con el propósito de llegar a ser profesional en este estilo. “Primero me llamó la atención el trap pero más tarde me interesé por el rap, por la letra y la posibilidad de batallar y medirse con otro. Es como un boxeo lírico, demostrás ingenio y juego de palabras de manera espontánea”. Respecto de las temáticas, explica que suele ser muy diferentes. “Por eso siempre trato de estar informado, también llevamos al rap aspectos de la vida cotidiana. Entre los distintos estilos de rap, me inclino por utilizar conceptos y el doble sentido”, agrega el joven que planea estudiar cine.

Cocina y delivery
Entre los emprendimientos que cobraron impulso a mediados del año pasado, la cocina y el delivery fueron las alternativas más concretas, rápidas de promocionar y difundir en redes sociales. Así lo pensaron Julia Bincaz y Magalí Marti que encontraron desde su casa una actividad para ocupar su tiempo y también disponer de algún ingreso.

Magalí lo hizo a través de la pastelería con su propuesta de postres individuales desde la cuenta de Instagram @degustarteoficial. “Me gusta la cocina y como mis viejos no estaban trabajando en ese momento, me pareció que podía ayudar. También lo hice porque estaba aburrida. Primero empecé haciendo lo que sabía como la chocotorta y después fui descubriendo por internet cosas nuevas”. La chica cuenta que preparaba los postres mientras miraba alguna serie y que su mamá la ayudaba con la entrega. Reconoce que hoy no dedica mucho tiempo a la cocina, pensando en la carrera que quiere estudiar: licenciatura en logística.

A Julia le sucede lo mismo. Dejó un poco de lado el @deliverynatural que inició con su hermana, aunque admite que entregar a domicilio alimentos y productos saludables resultó ser una una buena experiencia. Ahora tiene las energías puestas en la vida universitaria y su decisión de estudiar ingeniería en sistemas.

 

 

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