A dos cuadras de la Legislatura, la inseguridad golpea de nuevo: vecinos de Barrio Sur atrapados entre el miedo y la indiferencia institucional

En la madrugada del viernes, mientras buena parte de la ciudad dormía, un hombre con capucha, movimientos sigilosos y una barreta en la mano intentó forzar la puerta de un edificio residencial sobre calle 1° de Mayo al 1400, en pleno Barrio Sur. A solo dos cuadras de la Legislatura Provincial, el intento de robo no pasó desapercibido: quedó registrado en las cámaras de seguridad del complejo y reavivó un malestar que en esta zona ya dejó de ser excepcional.

Las imágenes, tomadas a las 00:22, muestran a un individuo manipulando con violencia el mecanismo de ingreso, sin lograr concretar la intrusión. Según narró una vecina que se encontraba esa misma tarde en la vereda, el hombre había sido visto horas antes revisando los residuos en la puerta del edificio. “Lo reconocí enseguida. Llevaba un buzo con capucha, el mismo que se ve en las cámaras. Estuvo espiando cómo funciona la puerta. No fue al azar”, explicó con resignación.

Este no es un hecho aislado. El mismo edificio fue escenario de otros episodios delictivos en los últimos años. En 2024, la puerta fue barreteada y sustrajeron hasta el picaporte. Pero el caso más estremecedor ocurrió en 2019, cuando una adolescente fue brutalmente asaltada a plena luz del día: un delincuente la arrastró de los pelos para robarle el celular, en un hecho que recorrió el país y fue replicado por medios nacionales.

La secuencia, repetida en distintas formas a lo largo del tiempo, alimenta una sensación de desprotección creciente entre los residentes. “Ya no sabemos qué más hacer. Denunciamos, mostramos videos, pedimos más presencia policial. Pero no hay respuestas. Sentimos que estamos librados a nuestra suerte”, comentó otro de los vecinos, que prefirió no dar su nombre.

Barrio Sur, tradicionalmente asociado a la vida institucional y administrativa de la capital provincial, convive desde hace años con una paradoja inquietante: su cercanía a las sedes del poder no se traduce en garantías de seguridad para quienes lo habitan.

Mientras los vecinos instalan más cámaras, refuerzan rejas y comparten estrategias de autoprotección en grupos de WhatsApp, el delito sigue golpeando con frecuencia implacable y rostro conocido. Lo que falta, afirman, es la voluntad de quien tiene la llave de un problema que ya dejó de ser puntual para convertirse en estructural.

 

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