El reclamo llegó al Concejo con nombres propios y números concretos. Dirigentes de dos clubes emblemáticos —Horizonte y Rosario Unidos— describieron un escenario que se repite en buena parte de la ciudad: viajes nacionales que ya no pueden financiar, actividades barriales sostenidas con recursos mínimos y robos que dejan a las instituciones sin margen para reponer lo básico. La escena consolidó lo que distintos estudios académicos venían señalando: el deporte rosarino atraviesa una crisis estructural que excede a cada club en particular.
El presidente de Horizonte, Gastón Bembo, abrió la exposición ante la comisión de Deportes y Turismo junto a la coordinadora de gimnasia artística, Micaela Biani, y la capitana del equipo de futsal, Carolina Sironi. El planteo fue directo: después de un año entero de competencias en distintos puntos del país, la institución ya no puede sostener “a pulmón” los traslados, alojamientos e inscripciones. Las próximas citas —una gimnasta rumbo a San Martín de los Andes y dos a San Juan— hicieron visible el riesgo de que la situación económica termine dejando afuera a deportistas que lograron clasificaciones nacionales.
Sironi llevó el debate al futsal femenino. Recordó que, desde 2021, los viajes se organizan con rifas, bingos y aportes familiares, un esfuerzo que permitió llegar a torneos en el sur del país, pero que este año dejó a Horizonte sin la posibilidad de competir en Bariloche. El viaje inmediato es a Villa Mercedes, con 13 jugadoras y tres integrantes del cuerpo técnico. Sin un refuerzo estatal, la plaza peligra.
El caso de Rosario Unidos completó la radiografía. Su presidente llegó al Concejo con la lista de elementos robados el 15 de octubre: pelotas, redes, conos, reflectores y garrafas, además del daño en buffet y cancha. En un club enclavado en una zona con fuerte demanda social, donde la cuota se mantiene baja para no expulsar a nadie, cada robo significa perder meses de trabajo. El dirigente lo expresó sin rodeos: “Si los clubes se caen, ¿dónde van los pibes?”.
Los concejales tomaron nota y quedaron en evaluar opciones para canalizar apoyos: subsidios directos, reposición de materiales y mecanismos de asistencia específica para viajes competitivos. Pero la discusión abrió un plano más amplio que el coyuntural. Los datos del Observatorio del Deporte de la Universidad Nacional de Rosario ya habían mostrado un panorama inquietante: unos 391 clubes distribuidos en la ciudad, en su mayoría con menos de 500 socios y con cuotas que representan la mitad de sus ingresos. Aun así, el 65 por ciento de esas instituciones depende del alquiler de salones y espacios para sostener la actividad cotidiana.
El relevamiento también expuso las paradojas del sistema: la enorme mayoría de los clubes tiene personería jurídica vigente, renueva autoridades con regularidad y presta instalaciones a escuelas y al municipio para educación física, operativos sanitarios y actividades comunitarias. En casi todos los casos lo hacen sin cobrar. Esa apertura permanente contrasta con un financiamiento frágil y con un acceso limitado a programas estatales estables.
La visita de Horizonte y Rosario Unidos dejó en evidencia esa contradicción. Son instituciones que becan a chicos y chicas, sostienen equipos competitivos y cumplen funciones sociales centrales, pero que operan con presupuestos mínimos y una exposición creciente a los delitos y a los costos logísticos del deporte nacional.
El Concejo enfrenta ahora un desafío que no se resuelve con un subsidio puntual. Los dirigentes reclamaron criterios claros y un acompañamiento estable: fondos para viajes, asistencia rápida ante robos y programas que reconozcan de manera efectiva el rol que los clubes de barrio tienen en la convivencia, la inclusión y el derecho al deporte. En esa definición está buena parte del futuro del entramado deportivo rosarino, que hoy sostiene más de lo que su economía puede soportar.

