La Universidad Tecnológica Nacional (UTN), una de las instituciones clave del sistema de educación pública argentino, declaró la emergencia económica y salarial. La resolución, que fue votada por unanimidad por el Consejo Superior, busca visibilizar el deterioro profundo que atraviesa la universidad pública en el actual contexto económico.
El diagnóstico no tiene matices: caída del 60% en los salarios, pérdida de docentes por imposibilidad de sostenerse con los ingresos actuales, abandono de funciones no docentes, y una ecuación presupuestaria que no cierra ni para pagar los servicios esenciales.
La decisión será elevada al Congreso de la Nación y a la Subsecretaría de Políticas Universitarias, aunque en el fondo hay un grito político dirigido al Gobierno Nacional: la universidad pública está en terapia intensiva, y nadie responde del otro lado.
«No se puede seguir funcionando»
Gonzalo Gutiérrez, representante del gremio no docente de la UTN, fue contundente en sus declaraciones: “Estamos perdiendo docentes por la miseria que se está pagando. Mañana vamos a cobrar nuestros haberes sin ningún aumento salarial, mientras todos los precios suben”. Y no exagera. Una dedicación simple, que es el régimen más habitual para quienes dan clases en carreras de ingeniería, apenas supera los 200 mil pesos mensuales.
“No hay manera de sostener una familia con eso. Y mucho menos una vocación. Así es imposible mantener docentes de calidad frente a los chicos”, lamentó Gutiérrez.
El problema, sin embargo, no se agota en los salarios. La UTN —que forma al 40% de los ingenieros de todo el país— enfrenta una asfixia presupuestaria que pone en riesgo su funcionamiento operativo. “No tenemos para pagar la luz ni el agua”, aseguró el dirigente.
Un conflicto que crece, un gobierno que no convoca
Desde la asunción de Javier Milei, el gobierno nacional no ha convocado a paritarias universitarias, lo que implica congelamiento salarial de hecho. A los trabajadores se les otorgó un bono no remunerativo, que no suma para jubilación ni obra social, y que fue rechazado por los gremios por considerarlo “plata en negro”.
“Sabemos que la mayoría del pueblo está sufriendo esta política nefasta para la salud, la educación, la ciencia y la tecnología”, sostuvo Gutiérrez. Pero el reclamo universitario no se queda en la queja: exige inversión. “Este gobierno no entiende que la educación es una inversión y no un gasto”, dijo. La frase se repite —casi con desesperación— en todas las universidades del país.
La declaración de emergencia fue respaldada por todos los decanos, el rector y los distintos claustros que conforman la UTN. El objetivo es claro: alertar a la sociedad, interpelar al Congreso y presionar al Ejecutivo. “Hay presupuesto para defensa, para comprar aviones… pero la salud, la educación y la ciencia siguen esperando, con sueldos de hambre”, sintetizó el vocero gremial.
En un país donde la crisis tiende a naturalizarse, la educación universitaria resiste, pero a duras penas. La UTN se suma así al coro de voces que desde los claustros piden no solo más recursos, sino una decisión política firme: que el conocimiento vuelva a ser prioridad.

