En 10 segundos:
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Qué: aniversario del Mercado Progreso con música, feria y gastronomía.
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Cuándo: domingo 1° de febrero, de 20 a 23.
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Dónde: Balcarce 1635, Santa Fe.
Santa Fe, 30 de enero de 2026.
El Mercado Progreso cumple 101 años y lo festeja como lo que es hoy: un salón público donde la ciudad se mezcla sin pedir permiso. El domingo 1° de febrero, de 20 a 23, el edificio de Balcarce 1635 vuelve a funcionar como una plaza techada: música para bailar, puestos de comida, propuestas de barrio y una feria de diseño que empuja a los proyectos culturales al centro de la escena.
La apuesta no es sólo sumar un evento a la agenda de verano. En tiempos donde los espacios comunes se achican y la cultura suele quedar reducida a una grilla de espectáculos, el Mercado aparece como un recordatorio práctico: la vida urbana también se sostiene con lugares que convocan, mueven circulación y crean economía alrededor del encuentro.
En el escenario habrá dos bandas que dialogan con la tradición bailable santafesina desde lugares distintos. Tito Furcata llega con su cumbia chicha psicodélica, una mezcla que toma clásicos y los reimagina con vientos andinos, percusiones y un pulso caribeño que no se queda quieto. Skamas, con casi dos décadas de recorrido, trae su ska-fusión: una máquina de ritmo que cruza reggae, punk, rocksteady y guiños latinos, pensada para el vivo, para el pogo amable y el coro colectivo.
Completa la noche DJ Raga con un set pensado como recorrido: ritmos y armonías de distintos puntos del continente, con una selección que promete “vibras de verano” y un guiño a Abya Yala, el nombre que varios pueblos originarios usan para referirse a América. Esa decisión estética, más que un detalle, marca el clima: baile, sí, pero también una curaduría con identidad, bien arriba.
El resto del plan es igual de importante, aunque menos ruidoso. Los locales gastronómicos del barrio se suman con sus propuestas y, en paralelo, funciona la Feria de Emprendimientos Culturales: proyectos de artes plásticas, fotografía, creaciones editoriales, textiles y objetos seleccionados a partir de una convocatoria abierta. Esa curaduría, que a veces pasa desapercibida, es una señal de época: cada vez más gente produce cultura como trabajo y necesita vitrinas reales, con público real y consumo real.
Por eso el aniversario tiene un tono que va más allá de la celebración. No se trata de “cumplir años” como un gesto nostálgico, sino de sostener una idea de ciudad. El Mercado Progreso nació en 1925 como parte del circuito comercial local, junto con el Mercado Central y el Mercado Norte. Fue, durante décadas, un punto de abastecimiento y de intercambio cotidiano. Después llegó el abandono, un destino común para tantos edificios públicos cuando cambian los hábitos de consumo y las prioridades políticas.
La recuperación, iniciada por la Municipalidad en 2011, le cambió la función sin quitarle el espíritu. Hoy el Mercado opera como espacio cultural y de encuentro, gestionado por la Secretaría de Cultura junto a organizaciones sociales, educativas, comunitarias y actores de la escena local y regional. Esa combinación de Estado y trama social no es un detalle: explica por qué el lugar se mantiene vivo, con programación, talleres, ferias y ciclos que lo conectan con públicos distintos.
En barrio Candioti, esa vitalidad tiene un efecto concreto. Un evento como el del domingo altera la circulación, llena veredas, empuja a los comercios de la zona y deja un saldo que no se mide sólo en fotos: activa una economía nocturna y cultural que muchas veces funciona sin grandes anuncios, pero con impacto visible. A la vez, ofrece algo que suele faltar: una propuesta gratuita y accesible, sin la barrera del ticket, donde el consumo es optativo y la experiencia no queda condicionada por el bolsillo.
La feria suma otra capa: la de la producción cultural de base. En Santa Fe, como en otras ciudades medianas, el diseño y la artesanía suelen vivir entre la precariedad de los alquileres, la falta de vidrieras estables y la dependencia de fechas puntuales. Cuando el Mercado abre sus puertas para este tipo de convocatorias, no “ayuda” en abstracto: arma un escenario donde el trabajo creativo puede vender, mostrarse, tomar contacto, hacer red y volver a intentarlo en próximas ediciones.
Hay además una lectura simbólica. Cumplir 101 años no es sólo un dato simpático. Es una cifra que habla de permanencia y de adaptación. El edificio atravesó cambios de ciudad, de mercado y de Estado. Que hoy la celebración esté centrada en música, gastronomía y diseño muestra cómo mutó la idea de lo público: del intercambio de productos al intercambio de experiencias, de la compra necesaria al paseo elegido.
Los festejos de febrero de 2025 ya habían marcado esa línea: involucrar a los actores que gravitan alrededor del Mercado, sumar entorno y evitar la postal cerrada de un acto institucional. Este año la continuidad aparece en la programación y en el método: artistas locales, entrada libre, convocatoria para emprendedores y una noche pensada para que el Mercado vuelva a ser lo que mejor le sale: un lugar donde la ciudad se reconoce a sí misma, en movimiento.
Si el aniversario funciona, no será por el discurso sino por la escena. Un domingo de verano, tres horas de música, comida y feria pueden parecer poco. Pero en una ciudad que discute permanentemente qué hacer con sus espacios comunes, el Mercado Progreso ofrece una respuesta simple, en presente: abrir, invitar, mezclar y dejar que la calle vuelva a entrar.
Y recordar que un edificio recuperado todavía puede ser política cultural que se siente en el cuerpo.

