Byron, Dylan, Juan y José. Melisa, Marcos, Ayelén y Noelia. Caren y Gastón. En la certeza de este puñado de ciudadanos sin rostro reside para José Corral el éxito de su segundo gobierno. Puede comprenderse que los seis de cada diez santafesinos que no lo votaron en la última elección quedan confinado a la categoría de una masa amorfa que no puede vislumbrar las bondades que ofrece su gestión.
En contrapartida, lo que no citó el Intendente fue que Damián, Ariel y Rocío siguen inundándose, porque a la gravedad de una gestión que construyó una avenida Facundo Zuviría sin desagües se le sumó la desidia de un Municipio que en 9 años no supo solucionar el problema. Tampoco habló de Marta, Cristina y Roberto, que fueron quienes aportaron el dinero para tener el ansiado pavimento que no se hace con fondos propios como tanto gusta repetir el Alcalde, mientras presiona al Concejo para obtener mayores recursos que se sumen a los millones que aun descansan (será?) en un ejercicio económico que no se termina de ejecutar.
Sin embargo, al discurso del mandatario local y posible primer candidato a diputado nacional también se le pasó que ni Nora, ni Patricio ni Alejandro pueden tomar un colectivo desde la zona oeste de la Ciudad para llegar a la Costanera: lo único que quedó de la revolución del transporte prometida desde el 2007 fue un precio que siempre mutó a gusto del Intendente, que aun se arroga una facultad que debería ser propia del Concejo Deliberante. Falta plata, pero sobran ideas y por eso el Municipio gastó más de 50 millones para que el trencito de Mario Domingo, un vecino importante, pueda mantenerse sobre rieles.
En la voz del nuevo representante del neopopulismo radical de derecha (?) sobraron anuncios de colocación de cámaras y demás artefactos, como si la falsa sensación de segurismo promoviera que Santiago, Zulema y Ramón pudieran caminar las calles de Santa Rosa de Lima con tranquilidad; omite que otros como Ricardo, Carmen y sus hijos adolescentes deben cortar las malezas para evitar que los asalten. Ya ni insisten con el pedido de luminarias: saben que eso dependerá de la voluntad del titular de una dudosa ONG que recibe suculentos contratos para hacer posible que los funcionarios municipales puedan ingresar al barrio.
Diego, Graciela y Julio también quieren agua potable; por eso envidian a aquellos vecinos que van por más y ya sueñan con el gas natural en sus domicilios. Pero primero deberá depender de que los ediles (otra vez) autoricen al Municipio a conseguir más fondos. Sino, Alberto y Susana sabrán, porque el Intendente lo dirá una y otra vez, que la culpa es de la oposición que no quiere que a la Ciudad le vaya bien. Pero mientras tanto deberán conformarse con las improntas francesas en el Centro y la mejoría de las zonas mejores que aun son mejorables. Nicolás y Ana, comerciantes ellos, se sorprendieron al saber que su sector es el motor de trabajo mientras el Intendente defiende la restricción del consumo como medidas para bajar la inflación.
Las familias de Pedro y Gabriela, separadas por un Puente que fue prometido en la campaña política nacional, deberán esperar: es más importante unir por otra vía a Santa Fe con Paraná. Aunque Francisco y Viviana piensen que sería mejor reimpulsar el Aeropuerto de Sauce Viejo, ya fue anunciado que enfrentará su destino y deberá competir con uno nuevo, metropolitano, interprovincial. En el norte de la Ciudad, en medio de la polvareda de las calles de tierra, Fabricio y la abuela Irma todavía no saben qué significa cluster, ni capacidades técnicas de gestión y asociación y acceso a nuevos mercados. Tampoco saben si ser resilientes está bien.
Eufemismos de una ciudad paralela, escasos anuncios y un repaso lleno de bondadosos balances en el relato de una Santa Fe de película, la alocución del titular de la UCR estuvo más cercana a ese kirchnerismo que tanto combatió y lejos de la prueba-error habitual de Mauricio Macri: para obtener un diagnóstico de la ciudad que describió, el Alcalde apela solo a escuchar a los propios y contar cuán brillante resultan sus tareas. La posverdad como estrategia en medio de un proceso electoral ha sido la estrategia elegida por José Corral para enfrentar su futuro; lejos del Frente Progresista y echado a los brazos de su nuevo espacio, el Intendente también se sumó a la doctrina duranbarbista de los nuevos tiempos. Aun con la pesadumbre de buena parte de la población.



