De la Magnasco a un certamen de robótica

Estudiantes de la Técnica Nº 288 cuentan la experiencia de participar de la First Lego League que se realizó en Buenos Aires.

Estudiantes de primero y cuarto año de la Técnica Nº 288 Osvaldo Magnasco participaron de la First Lego League, una competencia de robótica que se realizó a fines de noviembre en la Ciudad de Buenos Aires. Fue la única escuela de Rosario que presentó equipo.

Tal como se explica en su página web, el First Lego League «es un desafío internacional que promueve el interés de los jóvenes por la ciencia y la tecnología, que utiliza desafíos temáticos, promoviendo la investigación, la resolución de problemas y la ciencia». Pero además de estas habilidades, los chicos y chicas que compiten deben dar cuenta de los pilares del programa, que son los valores del aprender de los demás compañeros, el aprendizaje autónomo y el trabajo en equipo.

Es diciembre y las clases ya terminaron. En la Magnasco solo quedan directivos, algunos docentes y secretarios realizando las últimas actividades del año. Sin embargo, en el primer piso de la escuela de Ovidio Lagos y Zeballos, un grupo de adolescentes espera entusiasmado para compartir con La Capital su experiencia en esta competencia. El equipo «Legotécnicos con-ciencia ambiental» que participó de la competencia de robótica estuvo conformado por los alumnos de cuarto año Gustavo Facundo Ríos, Lucas Gaitán, Leandro Alarcón, Laura Oyola, Martín Ramos y Máximo González; además de los chicos de primer año Ignacio Coirini y Elio Cardozo; bajo la supervisión del jefe de taller y profesor de robótica Juan Manuel Rodríguez.

Una gran mesa gana espacio en el medio de la sala y sobre ella, el tablero de la First Lego League y el robot de tres ruedas hecho con legos con el que el equipo rosarino compitió en Buenos Aires. En líneas generales, cada grupo tenía dos minutos y medio para cumplir la mayor cantidad de misiones sobre ese campo de juego, utilizando para ello el robot hecho con los legos. Desafíos que iban desde llevar un bloque hasta un círculo a derribar unos pilares dejando intacta la «casa» que estaba sobre ellos.

Todo comenzó en agosto, cuando recibieron el kit de legos con los que debían construir el robot y programarlo para que cumpla con las distintas misiones.

La escuela
A partir de tercer año, los chicos y chicas que asisten a la Magnasco eligen entre las terminalidades de mecánica y electrónica. Pero además, este año en la escuela comenzó una prueba piloto de robótica e impresión 3D.

«La escuela empezó a trabajar con aprendizajes a través de proyectos y ahí apareció el tema de robótica, que permite un diseño estructural desde las formas y con partes de programación», resumió el profesor Juan Manuel Rodríguez.

En la previa de la competición en Buenos Aires el equipo de la Magnasco entrenó duro. Incluso repitiendo una y otra vez cada ejercicio. Un pizarrón ubicado contra una de las paredes del salón da cuenta de las pruebas realizadas con cada misión para tratar de bajar la marca de tiempo.

Pero además del puntaje obtenido por el armado del robot y del cumplimiento de las misiones, cada equipo debía demostrar una serie de valores, vinculados al trabajo en equipo, el compañerismo y hasta el buen trato y el contacto con otras escuelas competidoras. La cuarta instancia a evaluar fue la presentación de un proyecto innovador «que solucione algún problema» vinculado al medio ambiente. En este caso, llevaron el proyecto «Del desecho al hecho» que desde hace año se trabaja en la Magnasco, sobre lala fabricación de ladrillos, tejas, baldosas y adoquines con plástico reciclado. «Este proyecto comenzó hace años con cursos anteriores. Y nosotros lo retomamos y lo aprovechamos», agregó Gustavo Ríos. Hablan con pasión de esa idea, tanto por el impacto ambiental del reciclaje del plástico como por su reutilización para la construcción.

Para poder sostener los costos de la competición —desde la inscripción hasta el viaje a Buenos Aires— el equipo rosarino contó con el patrocinio de la firma de maquinaria agrícola John Deere. En total fueron quince las escuelas que participaron de todo el país de la First Lego League y los rosarinos salieron en octavo lugar. Una buen lugar teniendo en cuenta el poco tiempo de preparación y que era la primera vez que participaban de un encuentro de este tipo. «Estábamos todo el tiempo muy nerviosos por querer hacerlo perfecto. Y no nos fue tan mal», analizó Leandro Alarcón. Incluso para el final de la competencia, a la hora de la entrega de premios y medallas, uno de los chicos del equipo rosarino se puso una vincha de Naruto y otro una máscara de gas. Una humorada para distender «y hacer reír a la gente». Estaban felices de la experiencia.

 

 

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