Bienvenidos al país más loco del mundo, el que afloja las cuarentenas en el peor momento de la pandemia. Y el que ya casi ni dice, de boca de sus propios políticos, que «para las elecciones de 2021 falta una eternidad».
En Santa Fe, ya empezó el juego de los nombres lanzados al viento, las reuniones entre propios y los anzuelos tirados desde el gobierno para alinear a todos los departamentos detrás de una estrategia común.
«De las listas en el interior de la provincia se encargará el presidente del partido (Ricardo Olivera)», se le escuchó decir a Omar Perotti, quien en los últimos días mantuvo un vínculo por videoconferencia con los distritos y sus referencias peronistas. Para volver a ganar las elecciones el peronismo santafesino necesita de dos supuestos: repiquetear con la «unidad en la diversidad» y rogar que la oposición vaya dividida, como en 2019.
Alguien dirá, con lógica: «Y se necesitará tener buenos candidatos». Eso empiezan a auscultar en todos los frentes. En ninguno hay certezas sobre los nombres. Se habla en el peronismo de Roberto Mirabella, pero se empieza a mirar de reojo a María Eugenia Bielsa, sobre quienes crecieron en las últimas horas los rumores de renuncia al Ministerio de Vivienda y Hábitat que encabeza.
Por medio de una persona de su confianza, la arquitecta transmitió que esas versiones no se condicen con la realidad y que seguirá siendo ministra. Atenta a que hubo una fuerte ofensiva destinada a limar su gestión, la ex vicegobernadora santafesina dijo que se vendrán anuncios inmediatos para su cartera, una de las que menos ejecutó el presupuesto otorgado.
El trío
La lista peronista (que ya deberá estar confeccionado para este misma fecha pero de 2021) se sostendrá en el acuerdo o desacuerdo de tres nombres propios: el presidente Alberto Fernández, el gobernador Omar Perotti y la vicepresidenta Cristina Kirchner. Al cristinismo le interesa no sólo no perder bancas, sino sumar varias. Actualmente, la que responde a la ex presidenta es María Sacnun, con ganas de renovar la banca. Al margen de que todos quieren ir a la Cámara alta (un lugar de privilegio de la política), también estará abierta la lista de candidatos a diputado nacional.
Lifschitz deberá seguir atentamente cómo progresan los vínculos entre los radicales aliados al Frente Progresista y los que integran Juntos por el Cambio. En las últimas horas, hubo conversaciones vía Zoom entre dirigentes nacionales de la UCR y representantes locales del radicalismo. Por allí, podría venir la invitación al socialismo para integrarse a una coalición más flexible.
En el socialismo no hay un pensamiento univoco sobre la cuestión. Están los que de ninguna manera aceptarán converger en un frente con Juntos por el Cambio y los que aguardaran cómo escalará el escenario político. Lifschitz sabe perfectamente que el tablero deberá ser evaluado todo el tiempo antes de tomar una decisión sobre su futuro político que, de algún modo, involucrará a su partido.
El lugar que ocupa hoy el ex gobernador le permite contener y ejercer un grado de influencia importante. La Cámara de Diputados tiene mayoría del Frente Progresista y Lifschitz es el líder de una amplia franja de esos legisladores. Dejar ese lugar para ir en busca de una banca de senador nacional implica riesgos, sobre todo cuando su coalición es hoy oposición, y no hay posición común respecto de la estrategia a tomar.
Otro dato que demuestra la extrañísima situación que se vive en la política santafesina es que todos los partidos deben atravesar un proceso interno para designar nuevas autoridades. Nadie piensa en convocatoria a elecciones en medio de semejante cuadro sanitario.
Nadie sabe lo que vendrá.



