Casi tres horas de show, 29 canciones, y más de 8 mil almas vibrando la Aplanadora del Rock, fue lo que se gozó este viernes (y también el jueves) en el escenario más mítico de Buenos Aires. Claro, en el Luna Park.
A veces contar cómo fue un show de Divididos quizás cuesta ponerlo en palabras, porque la energía que se vive es única. La fuerza de la música, desde un rock pesado inspirado en Led Zappelin, una chacarera de Mario Arnedo Gallo o el clásico folclore de Atahualpa Yupanqui, el infaltable de la Aplanadora, hacen de la mística de la banda un ADN excepcional de nuestro rock nacional y que jamás defrauda.
Más de tres décadas en los escenarios, se evidencian en cada actuación y no es casualidad que agoten cada recital que hagan. Su público es fiel y ellos también, porque hasta que no dan todo en el escenario, no se van.
Es por eso quizás que aunque no saquen un disco hace más de 12 años, pero sí canciones sueltas durante el último tiempo, es que el fandom de Divididos los sigue adonde vayan, porque sus hits son canciones que siempre están vigentes y se resignifican cada vez que suenan. Son ese mimo a un fanatismo que podría compararse con un futbolero.
Pasadas las 21:30 el trío de Ricardo Mollo, Diego Arnedo y Catriel Ciavarella, irrumpió en el escenario con una euforia que estuvo a la altura de la arenga de la hinchada que colmaba las plateas y campo del Luna.

